FRATERNIDAD CRISTIANA DE PERSONAS 

CON DISCAPACIDAD 

CARTA DE AMIGOS       Página inicio

ABRIL'O4

LLENOS DE VIDA
...para imaginar y construir el futuro
 

Celebrar la Resurrección en un tiempo como el nuestro donde la muerte (especialmente la que provoca la injusticia, el odio, la guerra y el terrorismo), se impone una y otra vez con tenacidad y crueldad, no deja de ser una osadía.
Pero, efectivamente, así debe ser: la Fe en el Dios que ha resucitado a Jesús desacreditando a todos los que se pusieron de acuerdo para acabar con él (sus propios amigos le traicionaron, el pueblo le rechazó, la religión y la política de su tiempo le condenaron y finalmente el ejército le clavó en la cruz), es sin duda una apasionante osadía: Dios, está con los pobres, defiende a los inocentes, dice ¡basta! a los planes de los poderosos y coloca en el corazón de la tierra, como motor de la historia, el Espíritu de Áquel que entregó su vida por predicar el amor, el servicio y la reconciliación.

Todas las dimensiones de nuestra experiencia de Fe, que estos días vivimos con mayor intensidad en la Frater, junto a la Iglesia entera (la celebración de los sacramentos, la oración personal, la actividad apostólica, el servicio a los hermanos... toda nuestra vida de alabanza, de confianza y de acción de gracias), se contagian en la Pascua, de esta fascinante esperanza.
Este es el sentido de nuestra alegría: la Fe nos llena de vida, nos empuja con fuerza al compromiso por el Reino de Dios, sabiéndonos siempre acompañados  por el Espíritu que resucitó a Jesús desautorizando a quiénes le clavaron en la Cruz. Nuestra Pascua es desde entonces una fiesta, alegría inmensa, servicio y compromiso. 

No estamos ebrios, ni somos fanáticos sectarios recluidos en nuestros ritos y creencias, ni queremos ser tampoco privilegiados seguidores de una ideología religiosa que se vincula a los poderosos justificando el orden establecido (y globalizado) de la injusticia y la mentira. Somos discípulos del Resucitado, seguimos a Jesucristo, que haciendo suya la vida de los pobres ha sido glorificado definitivamente por Dios (para todos los tiempos, para todos los pueblos, para todos los hombres y mujeres de la tierra), como único Señor de la vida y de la historia.
Atrevidos, sin duda, quiénes se deciden a unir sus vidas a la de Cristo, cuales quiera que sean las circunstancias y los momentos por los que tengamos que pasar: salud o enfermedad, alegría y esperanza, angustia y tristeza, reconocimiento o persecución... Atrevidos quiénes hoy, siguiendo sus huellas, se dejan seducir por sus palabras de amor, por la cultura del servicio y la política del perdón. Bella osadía la de quiénes hoy, creen firmemente que Cristo está vivo y lo comunican con dulzura y pasión a los demás, porque su alegría (íntima y existencialmente) les desborda. 

Creer y celebrar cada año la Resurrección es para nosotros, los fraternos, un proyecto, una tarea, una experiencia que nos transforma con su fuerza liberadora y nos capacita, más allá de nuestras limitaciones y errores, para colocar todas nuestras fuerzas al servicio de la construcción del Reino de Dios.
Nuestra Fe no es una resignación paralizante frente a los que destruyen la convivencia, o proyectan y llevan a cabo planes terroríficos y asesinos; ni tampoco frente a la pasividad de quiénes se lamentan cómodamente instalados en un progreso vergonzosamente injusto y desigual entre los pueblos y las personas, verdadero terrorismo institucionalizado.
Pero, asimismo, porque al descentrar a Jesús y arrojarlo a los márgenes de la historia, nos hace descentrarnos con Él. Caminar con Él hacia la marginalidad y todo lo que ello conlleva de ruptura y radicalidad. 

Nuestra Fe en la Resurrección es hacer presente, cada día, en cada acontecimiento, las palabras de Jesús, sus gestos, su entrega... su vida y su muerte..., recordando con nuestro testimonio que el amor es más fuerte que la muerte, que la verdad nos hace más libres que las leyes y las formalidades democráticas, que la dignidad de la criatura humana es la verdadera pasión de Dios y el respeto a la vida el mayor de los progresos. El laicismo extremo que pretende relegar a Dios de la sociedad necesita frente así una Iglesia, con capacidad de diálogo que le acompañe, sin complejos, en sus aspiraciones más profundamente humanas de libertad y de paz; necesita a su lado una comunidad de creyente con verdadera autoridad moral, la que le concede, sin duda, su opción preferencial por los pobres en su servicio desinteresado a favor de la humanidad entera.

Celebrar la Pascua nos ayuda, finalmente, a recordar que, el auténtico culto que Dios espera de su Pueblo es la entrega generosa de nuestra vida, en cuerpo y alma, con todas sus posibilidades y limitaciones, al servicio de los más pobres, los excluidos (sean de la nación que sean), de la justicia y de la paz.
El Equipo General os desea a todos que viváis esta Pascua con alegría y esperanza; que su celebración nos ayude a todos a vivir más intensamente la Fe y el compromiso evangelizador en esta nuestra sociedad, con sus luces y sombras, con terribles y dramáticas limitaciones... pero capacitado para el bien mas grande: el amor, convencidos de que Cristo vivo para siempre nos acompaña en el empeño. 

Equipo General  

LOS GRANDES VALORES DEL 12 M

La distancia que nos separa del los atentados del 11 de Marzo, aunque breve, nos permite realizar una reflexión sin el apasionamiento que semejante barbarie coloca en el corazón de todos y en las manos de quienes escriben las primeras impresiones. Reflexión que queremos compartir con todos los fraternos en este Anexo a la Carta de Amigos.
El horrible crimen cometido contra las personas que viajaban en aquellos trenes, lamentablemente no son la verdadera noticia: crímenes como estos suceden un día tras otro en diversos lugares del planeta. Familias destrozadas, niños sin padres, cuerpos mutilados, dolor, impotencia, desesperación... es lo que se encuentran cada día los iraquíes desde que se inició la guerra, lo mismo sucede en Sierra leona, Uganda, Sudán, Chechenia... y así hasta más de treinta pueblos que viven sumergidos en la barbarie y el terrorismo permanente.

Lo mismo sucede también en el corazón de los que aman, a los más de 35 millones de muertos que provoca el hambre cada año. ¿No es ésto un auténtico terrorismo institucionalizado al que nos hemos acostumbrado y que pretendemos ignorar cínicamente? ¿Qué podemos esperan de un mundo que se lamenta sólo cuando la muerte llama a su propia puerta y que mientras tanto apaga el televisor para no conocer el horror y la muerte que sufren otras familias, en otras ciudades, en otros pueblos...?

La noticia del 11 de marzo no fueron las bombas colocadas en los trenes de Santa Eugenia, el Pozo o Atocha, la verdadera noticia estaba por llegar: sucedió el 12 de marzo, al día siguiente, cuando todos nos sentíamos madrileños, y lo sentíamos de verdad. El crimen nos despertó por unos días del sueño feliz en el que, sedados por nuestra cómoda situación de privilegio, vivíamos convencidos de que el mal estaba muy lejos de nosotros. La salvaje decisión de matar en Madrid por parte de algunos fanáticos, nos ayudó a abrir los ojos y sentirnos profundamente solidarios con aquellos que estaban siendo las víctimas más directas de tanta crueldad y desesperación.
Esta noticia es la que verdaderamente nos interesa: ¿Qué podemos hacer, juntos y cada cual personalmente, para que ese sentimiento de masiva solidaridad se extienda, con la misma fuerza hacia todos los seres humanos, hermanos nuestros que sufren el mismo atentado contra sus vidas, aunque estén más allá de nuestras fronteras? 

¿Cómo gritar cada día que todos somos madrileños, que todos somos también iraquíes, y ruandeses...? ¿Cómo mantener el grito y la pancarta en alto, hasta que llegue la paz a todos los pueblos? Los que confesamos la Fe en Jesucristo, y estos días celebramos su Resurrección, sabemos bien que no es posible la paz sin la justicia, que el perdón es más eficaz que la venganza, que los arados son las armas para la vida y que las bombas y los mísiles son siempre una malvada perversión, sean cuales sean las manos que las empuñan.

Es comprensible que nuestro corazón se estremezca más cuando mueren los más próximos, los que comparten con nosotros sus ilusiones y esperanzas, sus dificultades y proyectos; pero nuestro corazón, a imagen del que ha sido su Creador, está llamado a amar más, sin límites.
Este es pues uno de los grandes retos que se nos plantean a todos (especialmente a nosotros, los creyentes): que más allá del dolorismo, la verdadera solidaridad con las víctimas del 11 M es hacer que ésta se extienda sin límites, a las victimas de todos los terrorismos.
Valorar, aisladamente, lo sucedido en Madrid sería como preferir el dopaje que nos mantiene semi-dormidos, dispuestos solo a sufrir con los nuestros; reducir nuestra actuación a protegernos del terrorismo salvaje de los fanáticos sería contribuir, aunque sea inconscientemente, a reforzar el terrorismo que amenaza a la humanidad entera: la globalización de la insolidaridad estructurada. 

Pedimos a Dios, Nuestro Creador y Señor, Padre de la misericordia (convencidos de que nos acompaña siempre en nuestro camino hacia la plenitud de la vida), que nos ayude a todos a descubrir la necesidad de poner nuestras capacidades y medios al servicio de la paz, dispuestos a pagar el precio que semejante aspiración tiene: la justicia.

Equipo General

CURSILLO GENERAL DE FORMACIÓN
“La Comunicación en Fraternidad” 

Ni la nieve ni el frío, ni la distancia (no suelen serlo) fueron obstáculo para reunirnos los días 26, 27 y 28 de Marzo en la Casa de Espiritualidad de San José en El Escorial (Madrid), alrededor de 58 fraternos, para reflexionar juntos sobre la importancia de la comunicación, como pilar básico y esencial de la propia Fraternidad.
A los amigos de una amplia variedad de zonas y diócesis de la geografía española, se sumaron esta vez, dos fraternos portugueses cuya simpatía y buen humor fueron una constante a lo largo y ancho de este par de días vividos intensamente al calor de la buena disposición y camaradería por parte de todos. Un ambiente festivo que no desentonó con los contenidos que fuimos trabajando y que ahondan en las raíces mismas de nuestro movimiento: la importancia de los contactos personales, salir al encuentro del otro sin proselitismos, celebrar la fe y dar testimonio de la misma, compartir nuestros dones y capacidades... 

Dividido en tres partes: La comunicación como elemento nuclear en nuestras relaciones, la Dimensión creyente de la comunicación y su Dimensión militante: La comunicación en Fraternidad, fuimos poco aterrizando y concretando cada vez más en aquellos aspectos que descuidamos a la hora de relacionarnos, de crear lazos... en el fondo, de construir entre todos una verdadera comunidad de creyentes, al estilo de Jesús.

Desde esta tesitura y a la luz de la imagen de las primeras comunidades cristianas, pudimos revisar personal y comunitariamente, cómo está nuestra disponibilidad para estrechar lazos, para orar (comunicarnos con Dios), para compartir nuestros talentos (comunicación de bienes), contagiar la alegría de sabernos liberado, celebrar la fe y hacer de nuestras vidas, como el trigo, que más tarde será como pan repartido, una ofrenda permanente.
Hermosa imagen la del pan, cuyo proceso de elaboración pudimos seguir a lo largo de todo el cursillo. Desde el grano de trigo que más tarde sería triturado para convertirse en harina, hasta el momento en que el agua, una pizca de sal y la levadura formaron la masa, que con cariño y expectación observamos como se modelaba y subía, para después ser allí mismo horneada. 

Y al fin, el pan redondo de la alegría, compartido y convertido en la eucaristía, en el cuerpo de Cristo como el alimento que nos anima y nos convoca.

PASTORAL DE LA SALUD

Reunión del Equipo Nacional

Como cada año, por estas fechas, tuvo lugar la reunión en Madrid del Equipo Nacional de Pastoral de la Salud. Presidida por D. Rafael Palmero, Obispo responsable y por el nuevo Director D. Abilio Fernández, dedicó la mayor parte del tiempo a reflexionar sobre el tema y la organización de las próximas Jornadas Nacionales de Delegados. Breves informaciones puntuales sobre la situación de las Comisiones completaron la mañana de trabajo. 

CONSEJO GENERAL DE ACCIÓN CATÓLICA

El 11 de marzo, nos reunimos en Madrid, en la sede de la Federación de ACE, convulsionados por la tragedia –hasta este momento nos sentíamos cómodamente a salvo de este tipo de acontecimientos que azotan desde hace décadas a otros muchos pueblos inconscientes de que nuestros privilegios e injusticias favorecen este tipo de locuras-, envueltos en una sensación extraña y pendientes en todo momento de las noticias, intentamos trabajar los temas del orden del día. 

-        Proyecto de Actuación de la AC. Sigue siendo necesario dedicar a este tema más tiempo ya que hay dos posturas sobre la necesidad de mismo y el momento oportuno para su aprobación, unos Movimientos se decantan por la opción de no esperar más y otros por no tener prisa y seguir reflexionando... y hacerlo cuando exista mayor consenso. Se decide dedicar parte del encuentro de Comisiones Permanentes de mayo a avanzar en este sentido en lugar de abordar muchos otros temas.

-        Candidatos a Secretario General: después de consultar a las personas propuestas por algunos Movimientos, finalmente sólo queda una persona con disponibilidad; se decidió dejar un poco más de tiempo para seguir consultando. 

-        Elaboramos también un Comunicado sobre los atentados en los trenes. 

Estos son los temas más sobresalientes del trabajo realizado ese 11 de marzo. Como siempre, esperamos que esta información, aunque breve, os ayude a seguir los pasos del trabajo que compartimos con los Movimientos de A.C. y, lo que es más importante, implicar a los Equipos y Fraternidades en todos estos temas, participando activamente en los Consejos o Juntas diocesanas y las actividades de A.C.  

PREPARANDO LA XXXIV ASAMBLEA GENERAL

Tan sólo unas breves líneas en esta Carta de Amigos para recordaros, para recordarnos a todos, que a finales de Abril y principios de Mayo tenemos una cita en Valladolid, donde celebraremos la XXXIV Asamblea General de Fraternidad. Una ocasión excepcional para tomarle el pulso a nuestro movimiento y ver como esta de salud democrática, participación y responsabilidad.
La Asamblea General es el órgano máximo de decisión donde las Zonas y Diócesis, junto con el Equipo General trazan el futuro inmediato y dibujan con sus propuestas la vida de Fraternidad.
Es por eso que una vez más, el lema escogido para la ocasión: “Novedad y confianza ...para imaginar y construir el futuro”, nos acerca al núcleo esencial de la misión que tenemos encomendada: dar un mensaje de esperanza de todo aquello que está por llegar, con una mirada profética y al mismo tiempo abierta al optimismo. Al sabernos acompañados por el Espíritu de Jesús y sin caer en la autocomplacencia, habremos de desterrar aquellas prácticas y pensamientos que nos abocan al pesimismo y a la resignación y nos impiden mirar hacia delante con ilusión y confianza. 

Trabajemos todos en la preparación de esta Asamblea para que el lema elegido se haga realidad fecunda. 

PARA ORAR

¡Pascua dulcísima
Pascua del Señor, Pascua!
Una Pascua santísima nos ha amanecido.
¡Pascua! Llenos de gozo,
abracémonos todos.

¡Oh Pascua que disipas toda tristeza!
Porque hoy Cristo, surgiendo
del sepulcro como de tálamo,
ha llenado de alegría a las mujeres
diciendo: Id y anunciarlo a los Apóstoles.

Hoy se nos ha revelado
una Pascua divina, nueva y santa,
una Pascua maravillosa, solemnísima:
Cristo mismo, al Redentor,
es nuestra Pascua:

Pascua inmolada, Pascua grande,
Pascua de los creyentes,
Pascua que abre las puertas del Paraíso,
Pascua que santifica a todos los fieles.

Irradiemos alegría por la fiesta,
abracémonos unos a otros
y llamemos también hermanos
a los que nos odian;
perdonémoslo todo
con motivo de la Resurrección. 

                                                Liturgia Pascual Bizantina 

FRATERNIDAD CRISTIANA DE PERSONAS CON DISCAPACIDAD

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