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ENERO´0
¿PALABRAS
GASTADAS?
Empezamos el nuevo año
con nuestros mejores deseos de paz, esperanza, solidaridad, ilusión... Una
intención sincera, que a fuerza de ser repetida aparece, y desaparece como las
luces de neón en la noche.
¿Palabras gastadas? Puede que sí.
O más que gastadas,
reconvertidas, recicladas o como se dice ahora, políticamente correctas.
Tomemos el caso de la palabra solidaridad. Un vocablo
del que nadie hablaba hace unos años y que vino a secularizar la expresión
judeocristiana caridad, venida a menos y cargada de matices negativos, asociada
a la lastima y al asistencialismo. Una expresión, la caridad (charitas)
despojada de su sentido original: el amor, la benevolencia, la ternura,
la virtud que hace al hombre y la mujer justos.
Preferimos sin duda
hablar de solidaridad, porque desde la retórica del poder y del pensamiento único,
solidaridad suena mejor y continuamente se le puede aligerar peso. Si
participamos en una telemaraton, pagamos con una determinada tarjeta de crédito
o compramos un décimo de lotería, por poner sólo algún ejemplo, nos hacen
creer que somos al fin solidarios y eso nos tranquiliza y nos permite
sobrellevar mejor los trances incómodos de la vida cotidiana.
Desde el mundo de los
negocios, las empresas asocian sus productos y servicios a la idea de
solidaridad como una estrategia más a la hora de generar recursos. Una
estrategia que debe ser gestionada por expertos en marketing social, como
cualquier otra dimensión. Así, las empresas trasmiten su cultura y crean
nuevas relaciones con los consumidores de manera que se aumenten las ventas a
corto plazo y se generen unos beneficios en términos de imagen, más a largo
plazo.
A otro nivel, los
mismos pilares sobre los que se sostienen desde la revolución francesa, los
ideales democráticos: igualdad, libertad, fraternidad, asustan.
Sin embargo, es más fácil
hablar de solidaridad.
Para la Unión Europea
se hace una política de solidaridad, cuando los quince estados miembros se reúnen
y acuerdan destruir los excedentes de alimentos o productos agrícolas, para
mantener los precios y evitar que productos de terceros países (más pobres o
en vías de desarrollo), entren en leal competencia y pongan en peligro la salud
financiera del ámbito comunitario.
Y es que la
solidaridad tiene un límite. El Norte está dispuesto a ayudar a los demás en
la medida en que éstos no se vuelvan tan competitivos que pongan en peligro las
cuotas de mercado fijadas de antemano.
A uno u otro nivel,
nos ha salido barata la idea de solidaridad. Tan barata que a los ojos del
ciudadano-consumidor la parábola del samaritano es un cuento chino. ¿Quién
se baja del caballo para socorrer desinteresadamente a la persona que necesita
ayuda y que otros han ignorado deliberadamente?, o ¿Quién se mancha las manos
con la sangre y el vomito extraño y no contento con ello, le acompaña a la
posada y se responsabiliza de su cuidado de una manera tan discreta como
elegante?
Sólo quienes integran de una
manera radical, consciente o inconscientemente, la expresión caridad-solidaridad-
justicia
y no se resignan a pensar en términos de plusvalía.
Solidaridad es dar y es darse. Es vivir y sentir la alegría
de la entrega, porque al fin, quién más dio más ganó. La Fraternidad, sabe
mucho de ésto porque muchas son las historias, que desde la gratuidad, empujan
día a día a nuestro movimiento. Historias de auténtica solidaridad, fuera, en
la mayoría de los casos del marco institucional, del espacio delimitado a tal
efecto, donde parece ser debiera desenvolverse la acción solidaria. Y es que al
mismo tiempo que las palabras se gastan porque se prostituyen en manos de
quienes las desnaturalizan y las degradan, estos mismos, pretenden también
darles un cauce tibio de expresión para que el tinglado montado en torno a
ellas, no se les vaya de las manos. No sea que a fuerza de teorizar y justificar
la buena intención, ésta se convierta en verdadera acción transformadora y
acabe por morder la mano de quien la alimenta convenientemente y la disfraza a
su antojo.
Habremos pues de rebelarnos, contra esa apatía que anestesia los tiempos que
vivimos y que lo convierte todo en malos augurios y calma chicha. Con la mano
tendida y la voz amiga para hacer presentes a los que anónimamente viven y
mueren, los que no cuentan. Porque si callamos, si no participamos, si no
reivindicamos con obras y hechos que todos cuentan, las palabras solidaridad,
dignidad, fraternidad, igualdad... seguirán siendo manoseadas. No vaya a
alcanzarnos la maldición que Albert Camus cita en su obra La Peste: “los
despreciaba, porque pudiendo tanto se atrevieron a tan poco”.
Equipo General
Muchas son las felicitaciones que llegan hasta el Equipo
General estos días en los que con alegría celebramos el misterio de la
Encarnación. Nosotros que también felicitamos a los fraternos y amigos,
sabemos bien que más allá del formulismo y la demagogia de las palabras nos
queda el afecto, y la fe de quienes de verdad celebramos con esperanza el
Nacimiento de Jesús en Belén. Y sabemos también que la celebración de la
Navidad apunta a la vivencia de la presencia permanente de Dios en la historia,
empujándola hacia la plenitud con la fuerza de su Espíritu y eso a pesar de
las grandes y muy importantes dificultades y trabas que ponen en su camino el
egoísmo y la injusticia, la finitud y la fragilidad del ser humano y del
cosmos.
Aprovechamos para agradecer a todos, fraternos y
Fraternidades, obispos, consiliarios, instituciones, amigos y simpatizantes de
la Frater las muestras de afecto que nos han manifestado con sus cartas. Sin
duda vuestras felicitaciones nos han hecho recordar y sentir aquella profecía
del profeta Isaías: “Qué hermosos son sobre los montes los pies del
mensajero que anuncia la paz”.
Para que el espíritu de la Navidad siga presente entre nosotros más allá de
estas fechas queremos recoger aquí algunos ecos que, a través de las
felicitaciones, se acercaron a nuestra sede en Castellón durante estos días.
Por su sencillez y su espíritu fraterno reproducimos aquí el Mensaje del Padre François que utilizó la Frater de Huelva para acercarse con cariño a sus amigos:
“Que yo haga de mi vida una cosa sencilla y recta,
parecida a una flauta de caña que tú puedas llenar de música”. Sin duda
que esta tarea no se agota ni pierde su valor al finalizar la Navidad. Gracias.
Las diversas lenguas nos hablan también de los valores del Reino que debemos
buscar y vivir todo el año:
“Si dónes el teu pa al qui té fam, si satisfás l´ánima
afligida, el teu sol brillará en les tenebres í el teu foscant será com el
migdía”. Con estas palabras de Isaías (58, 10) nos felicitaba la Navidad el Equipo
de Zona de Catalunya i les Illes. Gracias.
El Arzobispo de Santiago nos felicitaba estos días, con su
oración y cordial afecto en el Señor, utilizando unas bellas palabras de San
Agustín en lengua gallega: “E a xustiza mirou desde o ceo” porque
“todo bo regalo e toda dádiva perfecta vén de arriba”.
También los Movimientos de Acción Católica con los que iniciábamos este año nuestra incorporación plena a la Federación han llegado estos días con mensajes para la vida de cada día. Nos parece cercano y significativo el que nos llegaba desde la JOC: “Poco a poco vamos trabajando para eliminar todas las barreras que impiden que seamos personas plenas, dignas y enteras. Que el Dios pobre que nos nace sencillo y humilde nos ayude en la tarea”. Gracias.
Por último, queremos resaltar unas palabras de Mons. Damián
Iguacen, Obispo Emérito de Tenerife, que desde Huesca nos ha hecho llegar estos
días una hermosa reflexión sobre María:
“Santa María de la
Vida es un grito, una voz de alarma frente a los peligros que amenazan a la vida
humana en su integridad. A todo trance hay que evitar todo atentado contra la
vida corporal, espiritual, sobrenatural: homicidios de cualquier clase,
genocidios, aborto, eutanasia, el mismo suicidio deliberado, cuanto atenta
contra la vida y la integridad de la persona humana, las mutilaciones, torturas
morales y físicas, los conatos sistemáticos de dominar la mente ajena, cuanto
ofenda a la dignidad del ser humano, las condiciones infrahumanas de vida, las
detenciones arbitrarias, las deportaciones, la esclavitud, la prostitución, la
trata de blancas y de jóvenes, las condiciones laborales degradantes que
reducen al operario al rango de mero instrumento de lucro, sin respetar la
libertad y responsabilidad de la persona humana. A esta larga lista negra
incompleta del Concilio añada cada uno las nuevas pobrezas y esclavitudes,
menosprecios, vilipendios, violaciones, terrorismo, fruto todo de una subcultura
del odio y de muerte, que parece quiere envolvernos, en este mundo tan bello
creado por Dios para todos, del que se están apropiando unos pocos. Este es el
grito de Santa María de la Vida: todo ser humano tiene derecho a vivir una vida
digna”. (Santa María de la Vida, 5).
Aconsejamos la lectura detenida y responsable de todo el
Documento que agradecemos sinceramente a Mons. Iguacén todos los que desde la
Frater luchamos por la vida especialmente cuando dañada por la enfermedad o la
discapacidad es menospreciada, marginada o explotada por esta sociedad de los
fuertes.
De nuevo ante el ruido de una nueva guerra que se prepara, nosotros oramos por la Paz, sin tomar las armas, confiando en el diálogo, y especialmente en la justicia. Los creyentes iniciamos el año nuevo con la celebración de Santa maría, Madre de Dios. O lo que es lo mismo: profundizando en el misterio de la Encarnación de Jesús. Así nos lo recuerda la palabra de Dios en la Eucaristía del primer día del año 2003:
“Los pastores encontraron a María y a José, y al niño
acostado en un pesebre” (Lc 2, 16).
“Dios envió a vuestros corazones al espíritu de su Hijo, que clama: ¡Abba!
(Padre)” (Gálatas 4, 7).
Con esta buena noticia, en la que creemos a pesar de tanto dolor y de muchas contradicciones, os proponemos iniciar el año orando por la Paz. La paz que brota de la justicia, la que quiere Dios para esta tierra nuestra, en cada rincón donde los hombres y mujeres buscan ser felices, vivir con dignidad, ver crecer a sus hijos, formarse como personas y profesionales, tener un trabajo digno y justamente remunerado, luchar contra el dolor, enfrentarse acompañado y atendido a la enfermedad y el dolor... sin perder nunca la Esperanza.
Os presentamos dos textos para leer, meditar, pedir, comprometerse por la paz desde la experiencia de fe, a la luz de la palabra de Dios:
La Paz que buscamos con las
armas
Queremos paz y fabricamos armas
queremos paz y somos violentas,
queremos paz, sí, para estar tranquilos,
y seguir con engaños y con rezos.
Queremos una paz que es de cobardes,
paz de egoístas y usureros.
Tenemos nombres para la paz.
Te vamos a llamar nuestro progreso,
y Globalización será tu nombre,
mercado libre ya en el mundo entero,
se crearan fortunas incontables
a costa de los pobres y pequeños.
Para la gente frívola y fácil
la paz se llamará lo placentero,
maratones televisivos, vergonzantes,
que separan, unas migajas de nuestro derroche para los pobres
de los países a quienes primero
hemos desposeído de todo.
Nuestra paz se llama desencanto y vacío inmenso,
generalizado.
Danos, Señor, tu Paz.
Tu Paz es débil y es pequeña,
como una semilla, como un fermento,
trasparente como el agua,
encendida como el fuego.
Tu Paz crece entre los pobres,
los limpios y sufridos.
Tu paz crece, también,
entre los profetas sedientos de justicia.
Tu Paz, Señor, tiene otros nombres:
desarrollo para todos,
solidaridad sin cámaras ni espectáculos.
perdón, encuentro, misericordia,
Danos, Señor, tu Paz,
limpia de mentiras, blanca,
verde oliva, paz-ungüento para sanar.
roja fuego, para encender corazones
y despertar pasiones
y enamorar al mundo.
Danos Señor el beso de tu Paz,
tu abrazo de Padre
que nos hace hermanos.
(Textos adaptados de Adviento y Navidad 2000, Cáritas, p154-155)
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