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CARTA DE AMIGOS
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FEBRERO'O6
¿Y... QUÉ HAY
DE LA ALEGRÍA?
Al repasar las editoriales que a lo largo del tiempo
os hemos ido sugiriendo desde septiembre de 2000, hemos podido contaros y
deciros muchas cosas.
Algunas versaban sobre temas de actualidad, otras con más contenido teológico
en los tiempos fuertes del año como Adviento, Pascua, Pentecostés...
sobre nuestro ser y sentirnos pueblo de Dios. Otras, simplemente, porque
nos apetecía profundizar brevemente sobre alguna cuestión puntual...
Pues bien, en esta Carta de Amigos, nos vais a
permitir que hablemos de la alegría. Tal vez, la esperanza, la justicia,
la paz o la reconciliación son experiencias que ocupan y preocupan un
poco más y por ello se llevan casi todas las reflexiones.
Pero... ¿qué
hay de la alegría?. Acaso no se merece nuestro modesto editorial en
esta sencilla pero entrañable Carta de Amigos, que nos sirve de coartada
a todo el Equipo General, para penetrar un poquito en la cabeza y el corazón
de tantos de vosotros.
Sí, la ALEGRÍA
(con mayúsculas). No esa agradable sensación que experimentamos como un
fogonazo después de que algo nos ha salido bien, estamos a gusto o las
circunstancias nos son propicias.
No. La Alegría que surge de lo más hondo del corazón
de la mujer y el hombre que se sienten ya salvados y por tanto liberado de
los trances y situaciones incomodas, incluso crueles, que la vida nos
depara.
La Alegría, que como una a luz serena, más que una chispa, renueva todas
las cosas y las reviste de un optimismo esperanzado más alla de las
contradicciones y dificultades cotidianas.
La misma que en palabras del mismo Jesús (un
tipo alegre), revela a sus amigos según el propio evangelio de Lucas “con
la alegría del Espíritu Santo”
“Sin embargo,
no sea vuestra alegría que se os someten los espíritus; sea vuestra
alegría que vuestros nombres están escritos en el cielo”.
Una actitud, más que una experiencia puntual, que
revela el gozo de saberse amados por Dios, constructores de un Reinado ya
inminente, que es motivo de profunda satisfacción. “Y
añadió: - Os aseguro que algunos de los aquí presentes no morirán sin
haber visto que el reinado de Dios ha llegado ya con fuerza”. Mc. 9,
1.
Una dicha que no se extingue, que no puede comprarse
con dinero, ni obtenerse a fuerza de cábalas ni razonamientos complejos,
y que nada ni nadie puede arrebatarla.
”-Bendito
seas, Padre, Señor de cielo y tierra, porque si has ocultado estas cosas
a los sabios y entendidos, se las has revelado a la gente sencilla. Sí,
Padre, bendito seas por haberte parecido eso bien.” Lc 10, 20-22.
“Y nadie será
capaz de quitaros vuestra alegría” Jn 16,22.
Aunque a veces parece todo lo contrario. Porque
vivimos o mejor, sobrevivimos, cubiertos por una máscara de resignación
y pesimismo propia de los tristes. Con una mueca neutra que, a la luz de
los textos del Evangelio, es una ofensa al mismo Dios.
“Si ya estais salvados, ¿a que esperais para
cambiar?”
Así decía el texto de una pintada escrita sobre la pared de un muro de
nuestra ciudad. Una invitación que nos puede ayudar a reflexionar sobre
el sentido profundo de nuestra propia vida. Pues, si de verdad nos
sentimos salvados ¿Por qué a veces nos comportamos como si no lo estuviéramos?
Equipo General
INVITACIÓN A COMPROMETERSE
“¿Qué es lo contrario de ‘comprometerse’? Pues... quedarse en lo que
ya uno vive, sin cambio ni renovación; en el fondo, tener miedo de
entregarse” y sigue:
‘comprometerse’ es ir hacia delante, sin realizar planes ya
preestablecidos...” (Mensajes, 247).
Estamos entrando en la recta final de una etapa.
Hace unos días algunos fraternos hacíamos memoria
de la gente que, en nuestra breve pero intensa historia, ha ido abriendo
caminos al frente de la responsabilidad general.
Y recordábamos que los mandatos han sido asumidos
por equipos constituidos por simples militantes, es decir, por fraternos
que han aceptado tomar la máxima responsabilidad de nuestro Movimiento
tal como eran, sin pretensiones ni complejos, ofreciendo con generosidad y
gratuidad unos años de trabajo, esfuerzo e ilusión... por seguir
llevando adelante el encargo que Jesús nos hace de llevar la buena
noticia a las personas con discapacidad. Y veíamos como un buen puñado
de personas habían estado ahí, formando equipo, en diferentes lugares:
Madrid, Castellón, San Sebastián, Castellón, Segovia, Canarias, Castellón.
Llegamos hasta aquí.
Y seguimos imaginando que posiblemente a alguien le
habrá pasado alguna vez por la cabeza la idea de estar ahí, intentando
que la Frater siga, que no se pare... pero todavía los complejos la habrán
detenido, o estará esperando que alguien la empuje.
Sabemos que la llamada de Jesús es para servir.
Optar por formar parte del Equipo General no es por afán de protagonismo,
ni para figurar más, tampoco por la importancia del cargo, sino para
mantener la unidad de las Fraternidades diocesanas. Vivimos tiempos en los
que a nadie nos sobran personas, al contrario somos pocos y muy pillados,
pero la Frater de España nos pide a cada fraterno un esfuerzo personal y
a todas las diócesis un gesto de generosidad. Estamos lanzando un S.O.S.
casi desesperado, decimos “casi”
porque sabemos que el relevo sí es posible.
Porque muchos compartimos las palabras del P. François
cuando define el compromiso y queremos ponerlas en práctica para que
nuestra Frater de España avance hacia el futuro con esperanza.
Rosa Gual
JORNADA MUNDIAL DEL ENFERMO
(11 de febrero 2006)
Dos aspectos sobresalen de la actuación de la Frater
en el ámbito de la Pastoral de la Salud: uno de cara a la acción
misionera y otro de cara a la concepción de la propia enfermedad. El
primero de ellos nos lleva a insistir una y otra vez en la implicación y
el protagonismo de las propias personas afectadas por la enfermedad o la
discapacidad y el segundo, no menos significativo, nos mantiene atentos a
evitar en el lenguaje eclesial todo aquello que apunta y mantiene
concepciones doloristas y actitudes paternalistas dentro de la comunidad
eclesial.
La Jornada Mundial del enfermo ha sido siempre una
buena ocasión para insistir en estos aspectos. El mensaje del Papa lo
hemos recibido siempre con gratitud y esperanza, aunque no siempre sale al
encuentro de nuestra sensibilidad y nuestras necesidades. Concretamente
este último –el primero del nuevo pontífice Benedicto XVI- nos
sorprende por su vuelta a las posiciones más tradicionales:
-
todo el texto es una llamada a “los que están al servicio de los enfermos”, “a quienes les asisten”. Llamada que, si bien es siempre necesaria,
de no contar con la acción directa de los propios afectados podría
quedarse en puro asistencialismo, no exento de paternalismo.
-
Las pocas palabras dirigidas directamente a los enfermos, vuelven
al lenguaje de siempre, para invitarles: “a ofrecer junto con Cristo vuestra condición de sufrimiento al
Padre, con la seguridad de que cada prueba acogida con resignación tiene
merecimiento y atrae la benevolencia divina sobre toda la humanidad”.
Ofrecimiento, prueba, merecimiento, consuelo y
resignación, son efectivamente algunas de las claves de la doctrina
tradicional y del lenguaje bíblico sobre el sufrimiento en general y
sobre la enfermedad en particular. Claves que es necesario actualizar
porque expuestas así, sin concreción, de manera generalizada, repetidas
hasta la saciedad... trasladan el mensaje hacia el pasado y le colocan en
el ámbito de lo privado, incapacitándole para sacar al enfermo de su
condición de “necesitado”, sin fuerza alguna para ponerle en pie como
testigo cualificado del amor de Dios llamado también a evangelizar.
Ante este Mensaje
-dedicado este año a los enfermos mentales-, las personas con
discapacidad y/o enfermedad creyentes, militantes de los movimientos de
Apostolado Seglar y de Acción Católica, que deseamos vivir activamente
nuestro compromiso evangelizador, no tenemos otra alternativa que hacer
nuestras las invitaciones que el Papa dirige a todos los que trabajan “para que no disminuya el espíritu de solidaridad”:
-
“...animo los esfuerzos de
quienes trabajan para que se otorgue a todos los enfermos mentales el
acceso a los cuidados necesarios”.
-
“...exhorto para que hagan
todo lo posible a fin de que nunca falte al necesitado la asistencia médica,
social y pastoral que respete la dignidad propia de cada ser humano”.
-
“...recomiendo que
sostengan, con formas e iniciativas concretas, a las familias que tienen a
su cargo enfermos mentales, a favor de los cuales auspicio que aumente y
se difunda la cultura de la acogida y de la comparticipación, gracias
también a las leyes adecuadas y a los planes sanitarios que prevean
recursos suficientes para su aplicación concreta”.
-
“Urge la formación y la
actualización del personal que trabaja en un sector tan delicado de la
sociedad”.
Procurar los cuidados, la asistencia médica, social
y pastoral, las leyes y recursos necesarios para todas las personas con
enfermedad de acuerdo a sus necesidades concretas, formase y
actualizarse... son las tareas a las que invita el Papa a sumarse en esta
Jornada Mundial.
Apremiantes tareas en las que debemos implicarnos, muy especialmente los
propios afectados, más si cabe que aquellos otros que por su solidaridad,
vocación cristiana o por su profesión las realizan también con rectitud
y respeto a la dignidad humana.“Cada
cristiano –dice el Papa, también los propios enfermos, añadimos
nosotros- según su propia tarea y
responsabilidad, está llamado a brindar su aporte a fin de que se
reconozca, respete y se promueva la dignidad de estos hermanos nuestros”.
Jose
Mª Marín
PARA
ORAR
En línea con la Editorial que os proponíamos en
esta Carta de Amigos, os sugerimos en este apartado de para
orar, que reflexionemos, a la luz de nuestra propia experiencia, sobre
todas aquellas cosas, razones y motivos que hacen de la vida un viaje
interesante.
Si no es así, ¿donde estamos malversando nuestra alegría?, ¿No será
acaso que ponemos nuestro tiempo y empeño, nuestros afanes y desvelos, en
cosas que no lo merecen?
Bueno, siempre hay un tiempo para cambiar. Y si de
verdad nos sentimos ya salvados, ¿a que estamos esperando?
Todo mi ser canta al Señor
Todo mi ser canta al Señor.
Canto y me estremezco de alegría.
No lo disimulo.
Ya no tengo miedo.
Soy feliz , Señor.
¡Tú me has salvado!
El Señor hace morir y hace vivir,
es dueño de la muerte y de la vida.
Hace que el pobre se haga rico
y que el aplastado se levante.
Levanta al pobre del polvo
y aleja del mendigo la pena.
Le devuelve la confianza de un ser hombre
entre los demás hombres
y le restituye su dignidad.
Chalet, F
(Gritos y Plegarias, pág. 295)
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