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CARTA DE AMIGOS
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MARZO'O5
VIVIR EN ARMONÍA
Un largo camino va desde el Paraíso,
que nos evoca aquel primer momento del ser humano creado por Dios, hasta
el Cielo, que nos ayuda a intuir la meta última a la que Dios
mismo nos hará llegar con la fuerza del Espíritu que Resucitó a Jesús.
Veamos brevemente algunos de estos relatos de la Biblia:
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Paraíso
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Cielo
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“Y creó Dios al hombre a su imagen y
semejanza; a imagen de Dios lo creó; varon y hembra los creó (Gn
1, 27)
El Señor Dios plantó un parque en Edén,
hacia oriente, y colocó en él al hombre que había modelado.
El Señor Dios hizo brotar del suelo toda
clase de árboles hermosos de ver y buenos de comer; además, el
árbol de la vida en mitad del parque y el árbol de conocer el bien
y el mal”
(Génesis 1, 27; 2, 8-9)
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“Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo, que en su gran misericordia, por
la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha hecho
nacer de nuevo para una esperanza viva, para una herencia
incorruptible, pura, imperecedera, que os está reservada en el
cielo.
La fuerza de Dios os custodia en la fe para
la salvación que aguarda a manifestarse en el momento final.
“Alegraos de ello, aunque de momento tengáis que sufrir un poco,
en pruebas diversas”.
(Primera Carta de San Pedro 1, 3-9)
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El origen (paraíso) de nuestra historia está
concebido, por la Sagrada Escritura, y por la Tradición Cristiana como
una experiencia del ser rodeada de armonía, donde la experiencia de
finitud, la fragilidad y la muerte del ser humano estaban perfectamente
integrados en la asombrosa evolución que hacia la plenitud mantiene la
Creación entera. El hombre y la mujer pensados por Dios, tienen, desde su
origen, la capacidad de aceptar, con serenidad y armonía la condición
contingente de su existencia y del mundo, abiertos a conquistar un futuro
mejor del que somos cooperadores de aquél que nos ha dado el ser para la
felicidad y el amor.
El final (cielo) de nuestra historia en la Biblia, está concebido como la
victoria definitiva de la vida sobre la muerte.
Ambas imágenes nos ayudan a comprender el Plan que
Dios ha proyectado, de principio a fin, para la humanidad entera: la
Salvación.
Entendidas así las cosas, la coherencia de los cristianos, especialmente
los que vivimos la Fe con voluntad militantes, no es otra que reafirmar
nuestra Fe y nuestra esperanza. ¿Y cómo ir hacer esto? No siempre es
fácil, pero podemos ir descubriendo algunas pistas:
- Tener el coraje de vivir, sean cuales sean las condiciones,
personales o colectivas, en las dos grandes dimensiones de la
experiencia humana: corporal o espiritual. Manifestar, sobre todo
con hechos, nuestro sí a la vida, como don de Dios que, en nuestras
manos y con nuestra implicación, va creciendo día a día, siglo a
siglo, hasta llegar a la plenitud de los tiempos.
- Cultivar nuestra capacidad de sufrimiento. Muchas experiencias
tienen todavía una fuerte carga de dolor; especialmente la
injusticia y el desorden internacional en el que se desarrolla
nuestro mal llamado “progreso” y la evasiva “sociedad del
bienestar”. El progreso, el futuro, el bienestar solo son
coherentes con el plan de Dios cuando lo son para todos... mucho nos
queda por recorrer... mientras tanto la fuerza e Dios nos custodia,
sus palabras nos iluminan y alientan: amaos como yo os he amado,
haced esto en memoria mía...
- Hacer
del amor a los demás nuestra mayor y mejor oración. Luchar por una
vida digna para todos. Denunciar, sin miedo, a quienes dirigen los
destinos de los pueblos con intereses bastardos (en el peor sentido
de la palabra) y egoístas, aún sabiendo que con ello condenan
diariamente a millones de personas (especialmente niños y enfermos)
al hambre, la miseria y la muerte.
- Vivir
la comunión con la Iglesia, día a día, en cada acontecimiento,
sabedores que amándonos entre nosotros, estaremos dando el mejor y
mas grande de los testimonios. Contribuir a su transformación
evangélica: la misericordia, el servicio y la participación de
todos en la misión evangelizadora serán los signos de identidad
que, como Pueblo de Dios, nos transformarán en luz del mundo y sal
que cura todas las heridas de la Tierra.
¡Cristo ha resucitado, todos resucitaremos con Él!
Este es el acontecimiento central de nuestra vida cristiana, el fundamento
de nuestra Fe, la razón de ser de nuestra militancia. Es también el
mayor y mas grande don que la Iglesia tiene para la humanidad entera.
Desde Carta de Amigos os invitamos a que celebréis la
Resurrección de Cristo, en coherencia con el Crucificado y con su
Evangelio de salvación, cooperando activamente en la victoria de su amor
sobre todas nuestras injusticias y egoísmos.
¡Feliz Pascua de Resurrección!
Equipo General
CHARLA-CONFERENCIA
EN FUERTEVENTURA
El día 22 de Febrero me desplace desde la península
hasta las Islas Canarias, concretamente a la isla de Fuerteventura, el
objetivo principal era dar una conferencia para el aula de desarrollo
Fundación Manuel Velázquez Cabrera, de la que es gerente el anterior
Consiliario de Frater Felipe Bermúdez.
En la conferencia “Como construir una Sociedad contando con la
participación de las personas con limitación”, hice un
recorrido histórico de cómo se nos ha tratado y qué participación
hemos tenido en la Sociedad en estos últimos tiempos. En una segunda
parte aporté mis vivencias de cómo he participado en mi entorno más
cercano; sobre todo dando testimonio de Frater, como Movimiento de Iglesia
y de lo que ha supuesto pertenecer a ella, en cuanto a participar y
colaborar con la normalización del colectivo de personas con
discapacidad. Por último expuse mi concepción de la Sociedad y como creo
que todos y todas tenemos la responsabilidad, el derecho y el deber, desde
cualquier condición de mejorar la Sociedad desde la participación:
Asociándonos la minorías, exponiendo nuestras necesidades y estando en
los sitios dónde se toman las decisiones.
Se aprovechó esta estancia en Fuerteventura para
tener una reunión con el grupo de Frater de la isla.
La amabilidad y la cordialidad fueron las notas dominantes de la
Fundación Manuel Velázquez Cabrera y en general de todas las personas de
Fuerteventura.
Dolors
Vázquez
PARA ORAR
Ningún otro momento como la Pascua para orar y
agradecer a Dios la vida, desde su origen más remoto en el
amanecer de la Creación hasta su plenitud futura al final de este
apasionante proyecto que anima y sostiene el mismo Dios. Un entre el
origen y la meta, nuestra propia existencia: nuestro tiempo, mi vida, la
tuya, la de todos y cada uno de nuestros contemporáneos.
(Hechos 2.14.22-32).
Esta es nuestra Fe, el mayor y mejor regalo que nuestro Movimiento puede
hacer llegar al corazón de cada fraterno, de cada persona con
discapacidad, de cada amigo, de cada familia, de la sociedad entera. La
presente Carta de Amigos indica algunas pistas, para vivir la
alegría de la resurrección, agradecidos y coherentes.
Dinámica para orar y reflexionar:
-
Lectura pausada del texto bíblico, recordar otros con el
mismo contenido y significación.
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Silencio y meditación de algunas de las palabras que
más nos afectan.
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Responder a las cuestiones: ¿Cómo ir haciendo crecer cada
una de las pistas señaladas? ¿En
qué aspectos podemos mejorar y crecer en cada una de ellas? ¿qué otras
pistas podemos añadir a las que señala la reflexión del Equipo General?
Breve puesta en común (si hacemos la oración en equipo).
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Oración conclusiva:
Es fuerte
la enfermedad,
destrozando, sin tregua, nuestra armonía corporal;
es mas fuerte la Frater:
que nos devuelve el coraje de vivir sin temor.
Es fuerte
la exclusión,
construyendo barreras que oscurecen la razón;
es más fuerte nuestro amor,
que imagina con hechos un mundo mejor.
Es fuerte
la muerte,
cuando amenaza y destruye con espanto y dolor,
más fuerte es la vida:
que alienta y defiende el mismo Dios.
Es fuerte
el ser humano,
porque a todos, sin excepción, el mismo Dios nos creó;
mas fuertes seremos, al final de los tiempos:
porque !Cristo Resucitó!
(Polvorilla)
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