FRATERNIDAD CRISTIANA DE PERSONAS 

CON DISCAPACIDAD 

CARTA DE AMIGOS     Página inicio

NOVIEMBRE'O4

...SOBRE LA PARÁBOLA DEL SAMARITANO

En el Evangelio de Lucas, un maestro, un entendido en leyes, (o lo que con el lenguaje de hoy calificaríamos como un experto) le pregunta a Jesús: ¿Quién es mi prójimo?. 
Dicho de otra manera, áquel hombre quería conocer dónde alcanza el grado de proximidad que el amor puede alcanzar.

Naturalmente, la propia pregunta es ya una declaración de intenciones acerca del concepto de amor que el experto poseía. Sin duda, una visión estrecha, pronunciada en minúscula y sujeta a la prudencia que todo lo mesura.
Jesús, le responde con un ejemplo rebosante de actualidad que pone al descubierto nuestras propias carencias en todo esto del amor, y que nos debiera interpelar constantemente.

Estamos hablando, claro está, de la parábola del Buen Samaritano. 
“Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos salteadores que, después de desnudarlo y golpearlo sin piedad, se alejaron dejándolo medio muerto...”

Algunas pinceladas nos pueden ayudar a releer este pasaje, cargado de matices y símbolos esclarecedores.

La aventura del samaritano nos devuelve una y otra vez a la realidad cotidiana. A esa realidad que muchas veces nos quieren escamotear a fuerza de cantar las virtudes de una solidaridad enlatada. Una solidaridad descafeinada pensada desde arriba, institucionalizada y ligada en ocasiones a intereses oportunistas.
La aventura del samaritano es un canto a la libertad del que se entrega sin reparar   en cuanto tiempo o dinero o esfuerzo le va a costar atender a quien necesita ayuda y yace al borde del camino.
Le ofrece cuanto posee (vendas, aceite y vino) sin caer en el cálculo cicatero de medir costes y beneficios.

Se acerca al herido sin prejuicios, sin preguntar las causas y circunstancias de la situación concreta. No hace balance de los pros y los contras, de si el herido es merecedor del auxilio. Si es digno o no de recibir socorro.
No se evade, como el sacerdote o el levita, haciendo como que no ve, poniendo excusas, buscando coartadas para dar un rodeo y esquivar una situación que juzgan embarazosa.
Es conciente de qué es él quien pasaba en ese momento por ese camino y que es él y no otro, quien es llamado a detenerse y echar una mano. 

No se detiene a cavilar si aquella persona que precisa su atención es o no de los suyos. Es un judío. Paradójicamente alguien alejado de su cultura, más aun, étnica y religiosamente enfrentado. Su sincera com-pasión (padecer con) le hace desprenderse de todos esos prejuicios, diferencias o rivalidades que separan a las personas y las dividen.

Y le ayuda. Le socorre de una manera tan elegante como llena de ternura.

Primero le cura con aquello que tiene a mano y más tarde lo carga en su cabalgadura para llevarlo a un lugar seguro.
Allí, en la posada, invierte su tiempo precioso cuidándolo durante toda la jornada y al día siguiente nos dice el texto, da dinero al mesonero para que su recuperación definitiva sea efectiva, pagando íntegramente los costes que se pudieran ocasionar, a la vuelta de su viaje.
No crea sobre el aquel hombre el yugo de un agradecimiento autocomplaciente. Al contrario. su acción liberadora escapa al paternalismo y a la compasión lastimera. Dignifica a la persona, la restablece para que la vida siga abriéndose paso. 
Donante y deudor pueden intercambiar sus papeles en cualquier recodo de otro camino, en otra ciudad... en otra estación. 

Hay detrás de este texto toda una enseñanza misteriosa sobre el dar y el recibir, de manera sencilla pero terriblemente profunda. 
Pero también hay, y esto no debemos olvidarlo, un denuncia explícita: aquellos que podían (en este caso el sacerdote y el levita) no se detuvieron, racanearon con su tiempo y su esfuerzo. Con su compasión y responsabilidad.

Sin duda, predicaban lo que no hacían y su hipocresía hacia más hondo el egoísmo que exhibieron al dar un rodeo y pasar de largo.

Equipo General 

EXPEDICIÓN A GALICIA PARA COMPLETAR LA CEBI

Hacia Galicia nos dirigimos el pasado día 13 de Octubre para completar la Campaña de Eliminación de Barreras en las Iglesias en esta tierra hermosa donde no existe ningún equipo de Frater.
Montse, desde Castellón y Maite desde Alcoi, fueron mis dos acompañantes en este camino. 
El primer día llegamos hasta Astorga donde descansamos en la Casa de las Misioneras Apostólicas.

En Galicia hay 5 diócesis: diócesis de Orense, diócesis de Tuy-Vigo, diócesis de Lugo, diócesis de Mondoñedo-Ferrol y diócesis de Santiago.
En cada población a la que llegábamos, nos dirigíamos primeramente a la Oficia de Información y Turismo, donde nos facilitaban un plano en el que encontrar los lugares de más interés y así dirigirnos al Obispado de cada Diócesis, a su Catedral y a las Iglesias más importantes de cada ciudad o pueblo.
Así pues, el día 14 partimos hacia Orense donde llegamos a media mañana. En este día visitamos e hicimos las fichas de Accesibilidad del Obispado y la Catedral de Orense y de cinco parroquias.
El día 15 visitamos Vigo, donde por la lluvia, buscando la Catedral y otras parroquias, estuvimos casi todo el día perdidas. 
Aún así logramos cumplimentar las fichas de la Catedral, el Seminario y dos parroquias.  

A media tarde llegamos a Tuy, un pueblo muy bonito de Galicia donde esta la Catedral de la Diócesis; estuvimos poco tiempo, a pesar de ello, aparte de cumplimentar la ficha de la Catedral hicimos también de dos parroquias.
El día 16 nos despedimos de Orense, donde habíamos descansado las dos noches anteriores y nos dirigimos a visitar Ferrol. Este día fue uno de los que más llovió y en el que yo sólo pude visitar por fuera la Catedral, teniendo que hacer las otras cuatro fichas de las Parroquias, Montse y Maite. Después de comer nos dirigimos hacia Lugo, donde teníamos que descansar las noches siguientes. La ciudad de Lugo nos gustó mucho, quedándonos sorprendidas por su gran y bien conservada muralla. Este día fue agotador, por la lluvia y porque tuvimos más de un problema para encontrar el hotel.
Tras la tempestad llegó la calma... y así, el domingo día 17 fue un día muy bonito. Ese día visitamos Mondoñedo, un pueblo encantador donde se encuentra la Catedral de la Diócesis y en el que estaban en plenas fiestas disfrutando además de un sol radiante que no habíamos visto desde nuestra llegada a Galicia. Pudimos hacer la ficha de la Catedral, del Seminario-Obispado y de dos parroquias más. Por la tarde regresamos a Lugo para visitar y hacer las fichas de accesibilidad de la Catedral, el Obispado y cinco  Parroquias. 

El día 18 lo pasamos en Santiago donde en su Catedral estuvimos en la Misa del Peregrino y además pudimos hablar con su Obispo, presentándonos como miembros del Equipo General de Frater, Movimiento que conocía, así como la Campaña de Eliminación de Barreras en las Iglesias que estamos llevando a cabo. Además de la Catedral, con una lluvia cayendo con mucho arte, pudimos hacer la ficha de otras seis iglesias. 

El día 19, de vuelta a casa, íbamos recopilando el trabajo de estos días. El Obispado de Orense es por dentro totalmente accesible, por una puerta lateral también, en cambio su Catedral es inaccesible por todas sus puertas (dicha Catedral se encuentra en obras, esperemos que alguna puerta la hagan accesibles). La Catedral de Ferrol con cuatro escalones, las catedrales de Vigo, Mondoñedo y Lugo que por un escalón en la entrada no se puede acceder al interior, la catedral de Tuy en la que se ha visto la buena voluntad de hacerla accesible con rampas móviles a las que podías subir con ayuda, por la excesiva pendiente y la catedral de Santiago en la que se puede acceder sólo por la parte de detrás. 
En las parroquias se daba un porcentaje un poco mayor de voluntad de que pudiéramos acceder al interior y en todas ellas la plena participación como cualquier otro laico era prácticamente imposible, sacristía, lampadarios, pila bautismal, servicios y ambón son sitios en los que aún no podemos participar.
Los resultados no nos sorprendieron, pues desafortunadamente no difieren del resto de Zonas.

Vinimos cansadas, habíamos hecho 3.000 kilómetros en 8 días, hicimos 36 fichas de accesibilidad en toda la Zona, por tanto también nos encontrábamos satisfechas de haber colaborado con nuestro granito de arena en la CEBI, en esta verde y bonita tierra que es Galicia. 

Dolors V ázquez

PARA ORAR

En este apartado y en la línea del Editorial de esta Carta de Amigos, os proponemos la lectura del texto de Lucas para reflexionar sobre algunas cuestiones sobre las que es necesario examinemos nuestros sentidos. 

“Pero el, queriendo justificarse, preguntó a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo?  

Jesús le respondió: Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos salteadores que, después de desnudarlo y golpearlo sin piedad, se alejaron dejándolo medio muerto. Un sacerdote bajaba casualmente por aquel camino y, al verlo, se desvió y pasó de largo. Igualmente un levita que pasó por aquel lugar, al verlo, se desvió y pasó de largo. Pero un samaritano que iba de viaje, al llegar junto a él y verlo, sintió lástima. Se acercó y le vendó las heridas, después de habérselas curado con aceite y vino, luego lo montó en su cabalgadura, lo llevó al mesón y cuidó de él. Al día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al mesonero, diciendo: “Cuida de él, y lo que gastes de más te lo pagaré a mi vuelta”. ¿Quién de los tres te parece que fue prójimo del que cayó en manos de los salteadores?

El otro contestó: El que tuvo compasión de él. 
Jesús le dijo: Vete y haz tú lo mismo”.
Lc. 10, 25-37 

CABEZA: Necesito una cabeza más tranquila y serena. Necesito una cabeza tolerante que se preocupe de las necesidades verdaderas cuando surjan pero que sepa olvidar otros preceptos que embotan o que me alejan de los otros como personas y hermanos. ¿Tengo la cabeza tranquila y serena frente a las dificultades?

OJOS: Necesito unos ojos más abiertos para ver en cada momento la necesidad o necesidades de mis hermanos. Necesito también unos ojos limpios para ver al otro tal como es, no aplicándole siempre mis medidas. ¿Tengo los ojos limpios?

CORAZÓN: Necesito un corazón más compasivo para com-padecer con el que sufre. Ya tenemos bastante con nuestros problemas, ¿,cómo puedo cargar con los problemas de los otros? Me resisto a reconocer a mi prójimo y sus necesidades. ¿Tengo un gran corazón?

MANOS: Necesito unas manos más generosas para no caer en la tentación del consumismo innecesario. Unas manos que sepan repartir más allá de lo que me sobra. Manos cariñosas que sepan acariciar y curar ¿Tengo las manos abiertas?

PIES: Necesito unos pies que me hagan firme en mis decisiones. Que me hagan más realista (en contacto con lo que sucede a mi alrededor y no añorante de lo que no hay). ¿Tengo unos pies firmes?

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