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NOVIEMBRE´05
Si existe una sola ley a la que deberíamos hacer
referencia para juzgar la legalidad de las personas, especialmente cuando a la
dignidad humana se refiere, no hay otra –al menos para los creyentes- que la
señalada por Jesús en su Evangelio: el mandamiento del amor, que es como Dios
mismo nos ama a todos los seres humanos.
“Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente... y a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos penden la Ley entera y los Profetas” (Mt 22, 34-40). “Que como yo os he amado, así os améis también vosotros los unos a los otros. En esto conocerán que sois mis discípulos” (Jn 13, 34).
Este es el precepto
esencial de la ley que incluye el amor a Dios y al prójimo y aún el amor a los
enemigos (Mt 5, 43-48), porque amar, no sólo a los que nos aman si no a todos
es la consecuencia necesaria y la verdadera prueba del amor a Dios.
Puestas así las cosas los que estamos en situación de “ilegales”, “fuera
de la ley”, somos nosotros: los ciudadanos europeos (españoles o de
cualquier otro de los pocos países privilegiados y poderosos), nosotros somos,
también, los que realmente “hemos perdido los papeles”.
La palabra de Jesús de Nazaret es para la Iglesia norma y exigencia ineludible para observar la realidad y tomar postura frente a ella. Con la Ley de Cristo en las manos no cabe otra alternativa que oponerse radicalmente al sistema económico internacional (el mayor de los pecados estructurales que contaminan y ponen en peligro la integridad del ser humano). Con la nueva legislación propuesta por el cristianismo no cabe otra posición que denunciar todos y cada uno de los crímenes que genera nuestro pecado, de egoísmo colectivo contra los pobres al amparo de nuestras leyes internacionales. No escuchar y difundir la Palabra de Cristo es para nosotros, como mínimo, un acto de cobardía que genera en la sociedad escándalo y falta de credibilidad.
El problema que han puesto al descubierto los últimos
acontecimientos acaecidos en la frontera de España con Marruecos, el
protagonismo que los medios han concedido estas últimas semanas a la valla metálica
y a las “medidas de seguridad” en torno a la frontera con Melilla
para evitar el paso hacia Europa de miles de inmigrantes hambrientos de pan y de
justicia, no son más que la punta de un enorme iceberg, que nos avergüenza a
todos y amenaza la estabilidad del planeta. Ni la seguridad, ni la paz podrán
asegurarse, para nadie si no hay un cambio radical en las políticas económicas
de los ricos. La represión, por su parte, pasará a ser -como ya lo está
siendo en muchos casos- pura y llanamente asesinato y crimen contra la
humanidad.
No sabemos muy bien cómo pero hay que exigir a nuestros
gobernantes un cambio de mentalidad y de actuación. Policía y represión no
pueden ser las únicas respuestas al problema de la inmigración, ni mucho menos
al hambre que provocan nuestros privilegios.
Habrá que adoptar medidas que
frenen la creciente desigualdad entre pobres y ricos, que se da dentro y fuera
de nuestras fronteras.
Una y otra vez será necesario alzar nuestra voz para
que desaparezcan todas las vallas, caigan lo muros, se eliminen barreras...
hasta erradicar de todos los pueblos la pobreza.
Hay que ir mas allá de las palabras, respetar los
acuerdos, cambiar las políticas:
-
La declaración de los Derechos Humanos señala que,
aunque los pueblos y las personas somos distintos en cultura, edad, origen,
lengua, sexo, religión o cualquier otro punto de vista, todos somos iguales en
derechos.
-
1996 fue declarado por la ONU Año Internacional para
la Erradicación de la Pobreza. Esta Declaración puso el
dedo en la llaga mayor y más grande de la herida que afecta a la humanidad en
nuestro tiempo.Este sigue siendo el reto más importante para el siglo XXI.
Conseguir sus objetivos debe ser preocupación y tarea de todos, muy
especialmente de la comunidad cristiana en su conjunto.
¿Cómo seguir entendiendo
que la solución al hambre, la corrupción y la guerra a las que están
sometidos millones de seres humanos - hermanos nuestros-consiste en construir
vallas o muros que les impidan acercarse a nosotros? ¿Cómo entender que la
represión, la resignación y la paciencia son hoy las soluciones adecuadas a
una situación – que clama al cielo- y nos coloca a todos en el banquillo de
los acusados, culpables –sin atenuante alguno-de los muchos crímenes que se
cometen contra los países pobres, propiciados por nuestras políticas económicas
y de seguridad nacional?
Desde la perspectiva de la
fe cristiana, luchar contra la pobreza es el camino Ineludible para respetar la
“legalidad” Sin perder la dignidad de ser y vivir Nuestra pertenencia a la
familia Humana. Construir el futuro desde la Igualdad y la justicia, nuestro
camino Para llevar a la práctica la exigencia Ineludible del mandato de Cristo.
Todos los demás problemas
que afectan a la familia, la educación, el trabajo, la salud... son secundarios
cuando la familia, la educación, el trabajo y la salud no son ni siquiera
posibles porque la vida misma está en peligro para millones de seres humanos.
Existen en el Evangelio severas amonestaciones a cuantos buscan la felicidad en
las riquezas y creen que éstas pueden salvarnos. La riqueza no sólo no salva,
si no que como podemos comprobar
Es altamente peligrosa:
porque esclaviza al ser humano, lo aparta de Dios, impide escuchar a los
profetas, cierra los ojos para ver la realidad en su justa dimensión, endurece
el corazón para compadecerse... en definitiva paraliza al ser humano para
ejercer su mayor y más grande vocación: ser persona, vivir como hijo de Dios
la hermosa aventura de la vida.
Una y otra vez podemos encontrar en el Evangelio de Jesús criterios para combatir la conducta egoísta de los ciudadanos ricos de este planeta que- como el rico Epulón (Lc. 16, 19-31)- vivimos sin otro ideal que progresar y pasarlo bien protegiéndonos de quienes lo pasan mal o rechazándoles cuando se acercan a nuestra mesa. Si no amamos vivimos inmersos en la cultura de la muerte, fuera de la ley, sin papeles... por mucho que nos empeñemos cínicamente en adjudicar esos adjetivos a las víctimas de nuestro egoísmo.
Equipo General
JORNADAS
MUJER Y DISCAPACIDAD
Dentro de la programación
de la V Edición de la Universidad Técnica de Verano de COCEMFE, se celebraron
las IIIª Jornadas de Mujer y Discapacidad, con el tema “Estrategias de Futuro
de la Mujer con Discapacidad.”
Dichas Jornadas se llevaron
a cabo los días 26, 27y 28 de octubre, en el Castillo de San Servando, lugar
confortable y accesible, habilitado actualmente como Albergue Juvenil, situado
en un enclave privilegiado de la ciudad de Toledo y a las que asistieron una
mayoría de mujeres jóvenes.
Se expusieron ponencias muy interesantes donde se vió que el liderazgo de las
mujeres con discapacidad es posible con unos buenos planes de acción y de
igualdad entre ambos sexos. Para ello, necesitamos además de información y
concienciación, involucrar a las mujeres sin discapacidad y a los hombres en
general ya que la igualdad es cosa de todos.
Conseguir el reconocimiento
de nuestras capacidades es a la vez un reto y una necesidad.
El día 2 de octubre
tuvimos la oprtunidad de compartir con la Frater de Madrid su Asamblea
convivencia de inicio de curso. En esta ocasión una buena noticia nos hizo a
todos valorar más si cabe el ambiente de acogida y de amistad que pudimos
disfrutar:
La aprobación de los
Estatutos Diocesanos, por el Emmo. Y Rvmo. Cardenal Arzobispo Don Antonio María
Rouco Varela.
Felicitamos a la diócesis de Madrid por contar con un nuevo Equipo Diocesano
que con ilusión afronta el futuro en esta nueva etapa de una diócesis que
siempre ha sido dinamizadora de la Fraternidad Española.
Así mismo el día 23 de
Octubre participamos con la diócesis de León en un encuentro alrededor de tema
de los primeros contactos. Con la asistencia de unas 25 personas, pudimos
comprobar el pulso de la Fraternidad de León y compartir juntos una jornada de
información y convivencia enriquecedoras.
Con nuestra reflexión en la presente Carta de amigos hemos querido contribuir con un granito de arena a la construcción de esa inmensa montaña que debemos hacer posible entre todos: un mundo más justo donde los seres humanos, sin excepción alguna, puedan nacer, vivir y morir con dignidad, en esta tierra pensada por Dios como lugar de encuentro y crecimiento – personal y colectivo- para todos sus hijos.
PARA
ORAR
Con nuestra reflexión en la presente Carta de Amigos
hemos querido contribuir con un granito de arena a la construcción de esa
inmensa montaña que debemos hacer posible entre todos: un mundo más justo
donde los seres humanos, sin excepción alguna, puedan nacer, vivir y morir con
dignidad, en esta Tierra pensada por Dios como lugar de encuentro y crecimiento
-personal y colectivo- para todos sus hijos.
Para orar os proponemos la Parábola de Lázaro y Epulón.
- La salvación está en el amor al otro. Epulón no tuvo vista, absorto en el consumo no supo ver a Lázaro (el que no tiene más ayuda que la de Dios).
- La riqueza no es signo de la bendición de Dios.
- Los últimos serán los primeros.
- Entre ambos no hay comunicación alguna. (un abismo les separa). La incomunicación egoísta nos conduce al fracaso más absoluto.
-
Jesús nos invita a buscar la solución del problema de los pobres
aquí y ahora, no podemos dejarlo para el futuro, ni para el más allá.
Señor, Padre
nuestro,
contemplando la vida del rico Epulón,
nos avergüenza ser como él.
Te damos
gracias por la fe que tenemos en ti,
por el testimonio y las Palabras de Cristo,
ayúdanos a amar sin límites,
como Él nos amó: hasta el extremo,
como tú mismo nos amas.
Que nadie,
entre nosotros,
que ningún pueblo de la tierra
tenga que vivir como un Lázaro
sin pan y sin justicia.
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