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OCTUBRE´0
AMAR
AL LIMITE DE LA LEY
“Ama y haz lo que quieras” decía
San Agustín; y algunos siglos después sentenciaba Nietzsche: “lo que se
hace por amor está más allá del bien y del mal”; mucho antes que los
dos San Pablo, (haciéndose eco del Mandamiento Nuevo, única Ley de Jesús)
escribía con asombrosa lucidez: “ Con nadie tengáis otra deuda que la del
mutuo amor. Pues el que ama ha cumplido la Ley” (Rom. 13, 8).
Considerar el hecho de matar o dejar morir a un ser querido
como un acto de amor es, sin duda un asunto que cuestiona radicalmente nuestra
propia humanidad, y nada de lo que es humano debería resultarnos ajeno.
Desde luego se dan situaciones excepcionales, que por su excepcionalidad, son
difícilmente mesurables porque nos ponen en una tesitura donde no alcanzamos a
vislumbrar lo que cada uno de nosotros haría en una situación límite
semejante.
Viene esto al hilo de la noticia, aparecida en numerosos
medios de comunicación, que reflejaba con cierta superficialidad y no exenta de
sensacionalismo, como en Francia una madre había suministrado a su hijo
gravemente enfermo y con el consentimiento de éste, una dosis letal de barbitúricos
con la intención discutible de evitarle sufrimientos, que para esta familia
eran insostenibles.
¿Quién puede condenar a una madre que en un ejercicio de amor pone fin a la
vida de su hijo porque honestamente cree que eso supone la final liberación de
una situación de limitación y sufrimiento que siente insostenible?
Pero, ¿quién puede dejar de bendecir a la madre o al
padre que en una situación parecida, se elevan sobre sí mismos y sobreponiéndose
al dolor y a la limitación que otros juzgan insostenible, se entregan a la vida
y al valor de la vida en sí misma?
La diferencia fundamental es que éstos últimos no aparecen en los medios, y
sus historias por ser calladas y elegantemente discretas pasan inadvertidas para
el público. Sin duda porque no venden, o porque simplemente no interesan.
Nosotros conocemos muchas de esas historias porque palpitan
y sienten a nuestro lado. Porque con ellas compartimos algo más que los
telediarios y los titulares de las páginas centrales. Porque son nuestros
amigos y se empeñan en vivir y en reclamar para sí toda la dignidad del mundo.
Volviendo al caso del que se hacían eco los noticiarios, creemos que un estado
decente no puede condenar a la madre que siente en lo profundo que, atender la
voluntad de un hijo que no desea vivir, en condiciones de salud muy precarias,
es razonable y oportuno.
Como no puede dar carta de naturaleza al suicidio asistido, porque éste se
desliza sobre una pendiente resbaladiza con multitud de interrogantes: calidad
de vida, dignidad humana, gasto sanitario, medios desproporcionados...
No puede condenar pero no puede aplaudir.
Condenar no es el estilo del Dios misericordioso al que nos
acogemos que es Abba, padre y madre.
Legitimar es usurpar un papel que no nos corresponde, porque, ¿quién está
capacitado para decidir que persona merece vivir o morir, o cuándo su calidad
de vida es tan exigua que es preferible la muerte como solución final?
A lo mejor es que ya estamos hartos de decidir quien merece la vida o la muerte,
sólo que en África o en el Lejano Oriente, o en Irak o Afganistán. Y el
hambre consentida, el sida y la malaria consentidos, no son sino el suicidio
asistido al que nos acostumbran en cada sobremesa, en cada digestión.
La diferencia es que aquí nos sale más caro y además
genera acalorados debates.
Por su parte, la vida en la que nosotros creemos, no se agota en los límites de
nuestra condición finita se desarrolla, más allá de la misma, hasta
encontrarse definitiva, sosegada y felizmente en los brazos de un
Dios-Padre-Madre que, a unos (los que sin dejarse vencer por el sufrimiento
tratan de vivir con dignidad mientras el corazón resista), y a otros (los que
abrumados por la limitación deciden poner fin a los sufrimientos del enfermo al
que aman), nos sorprenderá con su infinita misericordia porque ahora,
mientras sufrimos somos hijos de Dios; y más allá de la muerte aún
nos se ha manifestado lo que llegaremos a ser (I Jn 3,2)
Quizá sean quienes condenan sistemáticamente a los demás
o negocian con la vida y la muerte de los otros, los que más lejos están del
amor al que aludíamos al principio porque “todo el que no obra la justicia
no es de Dios,. Ni tampoco el que no ama a su hermano” (I Jn 3,10).
Equipo General
Reunión del Equipo Nacional
Un año más hemos participado en la Reunión del Equipo
Nacional de Pastoral de la Salud preparatoria de las Jornadas Nacionales de
Delegados.
Además de señalar el buen clima y la participación de todos los
representantes de los diversos sectores de la Pastoral de la Salud, queremos
informar aquí del cese de la Directora actual del Departamento la Hermana Mª
Carmen Martín HSC. De momento no cabe otra cosa que agradecer el buen hacer y
el interés manifestado por la Hermana Mª Carmen, en este corto periodo de
tiempo, por todo lo que a la Pastoral de la Salud se refiere, y muy
especialmente por la buena acogida que ha dado siempre a las iniciativas de la
F.C.E.M.
Celebradas en Madrid los días 22 al 25 de septiembre, han
sido una nueva oportunidad para hacernos presentes en este acontecimiento
eclesial relacionado directamente con nuestra preocupación y tarea
evangelizadora.
En el marco de la reflexión en torno a como acercar la Pastoral de la Salud
a los enfermos alejados de la fe, han tenido lugar diversas ponencias,
algunas de ellas muy interesantes, que tendremos la oportunidad de conocer
cuando se publiquen en la revista Labor Hospitalaria.
También tuvo lugar un significativo Panel de Experiencias en
el que Mª José del Río, Responsable de la F.C.E.M. de la Zona de Castilla,
presentó una de las cuatro experiencias que se expusieron en el mismo. La
comunicación de Mª José fue muy valorada por los Delegados, en el momento de
su exposición, y también en la evaluación de las Jornadas muy especialmente.
Podéis conocer el texto de su intervención en nuestra Pág. Web.
A continuación señalamos algunas de las conclusiones finales de las Jornadas:
“Somos conscientes de vivir, y consecuentemente
llamados a anunciar la Buena Nueva, en una sociedad marcada por claros signos de
recelo –y a veces de rechazo- de la fe cristiana y muy especialmente de la
Iglesia en cuanto institución. Pero también estamos convencidos de que es una
sociedad que ofrece muchas posibilidades para este anuncio cuando se hace desde
una identidad madura y una vida coherente, como base. El Espíritu del
resucitado sigue hoy presente en medio de nosotros, cercanos y alejados”.
José Mª Marín
Varios han sido los encuentros celebrados estos últimos días, el primer Consejo General del curso donde se ha aprobado la Planificación 2003-2004 y el Calendario, en torno a un objetivo central: impulsar la actuación de la acción católica en la iglesia y en la sociedad. Un objetivo que nos pide crecer en la comunión de vida, de bienes y de acción entre los Movimientos, la Federación y las Diócesis.
Este año se cumplen 10 años desde que se aprobaron las
Bases de la ACE y los Estatutos de la Federación de Movimientos de Acción Católica
por la Conferencia Episcopal Española, este acontecimiento nos impulsa hoy a
dar gracias a Dios por todo lo vivido y trabajado en este tiempo y nos anima
hacia una nueva etapa al servicio de la evangelización.
Hubo un momento para el intercambio de comunicaciones por parte de todos los
Movimientos, subrayando las actividades más importantes realizadas durante el
verano, es positivo ver como el tiempo de vacaciones, a veces, es aprovechado
para desarrollar actividades importantes en la vida de los Movimientos
(Asambleas, encuentros generales...)
También participamos en el IV Encuentro de Secretarios y Consiliarios Diocesanos de A.C. Encuentro que permitió al Consejo General y representantes de más de 20 diócesis dialogar sobre la finalidad del Proyecto de Actuación de la AC; Proyecto que pretende iluminar y motivar nuestro quehacer eclesial y social a favor de la promoción integral del laicado y su presencia evangelizadora en la sociedad española en orden a la transformación cristiana de la misma en el horizonte del Reino de Dios.
Para finalizar pudimos conocer el Mensaje de
Juan Pablo II a la Asamblea Extraordinaria de la Acción Católica Italiana,
del que entresacamos las siguientes afirmaciones:
Sois laicos cristianos expertos en la espléndida aventura de
fomentar el encuentro entre el Evangelio y la vida y demostrar hasta que punto
la “hermosa noticia” responde a los interrogantes profundos del corazón de
toda persona que constituye la luz más elevada y verdadera capaz de orientar a
la sociedad en la construcción de la “civilización de amor” (...) la síntesis
orgánica de estas características –misionalidad, diocesaneidad, unitariedad,
laicidad- constituye la forma más madura y eclesialmente integrada del
apostolado seglar. (n. 3). Seguid poniendo a disposición de ciudades y pueblos,
de los lugares de trabajo y estudio, de la sanidad y del ocio, de la cultura, de
la economía y de la política, presencias competentes y creíbles, capaces de
contribuir a hacer del mundo de hoy la gran fragua en la que se forja la
civilización del amor. La AC ha de ayudar a la comunión eclesial a rehuir la
insidia de la enajenación ante los problemas de la vida y de la familia, de la
paz y de la justicia y tiene que testimoniar su confianza en la fuerza
renovadora y transformadora del cristianismo (n. 7).
Rosa Gual
PARA ORAR
En este principio de Curso
proponemos para orar, personalmente y en Equipo esta bella oración del Cardenal
Martini, casi como si nos hubiera estado escuchando (en el Seminario de Granada,
en la VIII Semana), sale al paso de nuestro deseo de verdadera Fraternidad
superando todo lo que nos separa o dificulta una verdadera Comunicación
hacia el interior del Movimiento y de este con toda la Comunidad eclesial y con
la sociedad entera.
LA
COMUNIÓN FRATERNA
Te doy gracias, Señor,
porque me permites entrar en comunión
con todos los hermanos.
Guíanos Tú, Padre, en este camino:
pon en nuestra boca las palabras verdaderas,
pon en nuestro corazón
los sentimientos verdaderos;
pon en nuestras manos, en nuestros cuerpos,
los gestos verdaderos.
No
permitas que nada en nosotros sea artificial o forzado.
Haz crecer en nosotros
la espontaneidad y la verdad del servicio.
Haz que podamos ver cuanto hay en nosotros:
de agresividad, de resistencia a los demás,
de desconfianza, de miedo.
Líbranos Señor y esclarece en nosotros
todo lo que nos enfrenta a los demás.
Haznos caminar por el sendero de tu paz.
Sostén
nuestra debilidad,
conforta nuestra fragilidad;
reúne nuestros pensamientos,
nuestros sentimientos dispersos.
Recoge nuestras energías
que vagan atraídas por mil temores,
por mil deseos, por mil miedos;
recógelas en la unidad,
en el centro de la unidad
que es tu Hijo Jesucristo. Amén.
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