FRATERNIDAD CRISTIANA DE PERSONAS 

CON DISCAPACIDAD 

CARTA DE AMIGOS     Página inicio

OCTUBRE´05

FRATERNIDAD Y VOLUNTARIADO  

"Si has venido para ayudarnos, pierdes el tiempo. Pero si has venido porque tu liberación está unida a nuestra liberación, entonces de acuerdo, trabajaremos juntos".
De esta manera, tan significativa como testimonial, se expresaba una mujer latinoamericana ante las personas que, enviadas por una organización internacional, pretendian paliar las situaciones de desigualdad e injusticia que se estaban produciendo en su comunidad.
Un mensaje que podríamos hacer nuestro en Fraternidad, ante las no pocas veces en que la gente nos quiere ayudar.

Ayudar a desplazarnos, a subir o bajar unas escaleras, a compartir un rato de conversación, a dedicarnos en fin, ...un poco de su tiempo.
Sin embargo, comprobamos también en el día a día, en el ajetreo del afán cotidiano, como estos gestos de ayuda bienintencionada se repiten indefinida y reciprocamente, no sólo como patrimonio de los sanos, los capaces, sino como  un encadenamiento de acciones útiles en las que todos podemos ser protagonistas,independientemente de nuestra circunstancia personal. 

O dicho de otra manera quizá más breve: todos sin excepción, estamos capacitados para tender una mano al prójimo, conocido o no.
Si a ésto lo bautizamos como acción voluntaria, inmediatamente nos damos cuenta de que estamos hablando de la expresión de la vida misma. No requiere mas connotaciones que la propia conciencia y el deseo de servir. Y ésto se hace desde la propia voluntad.
El sujeto de la acción voluntaria, llamémosle voluntario, da lo que tiene, se da a sí mismo (tiempo, capacidad y esfuerzo) en beneficio de los demás, del otro, del próximo, en especial de los que juegan con desventaja...

...Pero muchos de los que jugamos con desventaja hemos caído en la cuenta, de que también nosotros somos parte activa y comprometida y no solo receptora, de la cultura del voluntariado.
Sin embargo (y de esto sabemos mucho los fraternos), darse a sí mismo, es algo más que ayudar. Va más allá de la actitud puntual de socorro o ayuda.
Darse a sí mismo, nos remite inmediatamente, como un resorte automático a un asunto central en nuestras vidas. Suena a puro Evangelio. “...Porque si el grano de trigo no cae en el suelo y muere no puede dar fruto.” 

En una sociedad como la nuestra (de control de exclusión, de mercantilización, de extrema injusticia social), discursos y experiencias de gratuidad se hacen significativamente subversivos. Y darse a sí mismo es la expresión más radical de vivir la gratuidad. Reconocer que cuanto somos y poseemos nos fue una vez regalado sin haber hecho ningún merito, y que al final, cuando creemos merecerlo, es hora de seguir regalándolo.

Nuestra Sociedad y nuestra Iglesia están necesitados de una legión de voluntarios que se ocupen y preocupen de acoger, atender, escuchar, orientar, ayudar, sostener y levantar a todos aquellos ciudadanos y hermanos a los que el sistema empobrece y maltrata.

¿Acaso nos ocupamos (o debiéramos ocuparnos) de otra cosa?

No somos sólo una organización de autoayuda o ayuda mutua que tiene como primer objetivo el ayudarnos los unos a los otros en un espacio acotado por nuestras características propias, como tan a menudo se nos califica. No. 

No, porque nuestras acciones solidarias van mas allá de los límites que la propia limitación física o funcional imponen. Y las acciones solidarias son una opción de voluntad y de inteligencia a la vez, no de fuerza, rapidez, eficacia, desgaste físico...

Conscientes de que nuestras actividades y acciones no solo pretenden crear espacios de solidaridad, sino que están encaminadas a generar comunidades de justicia, despertando a la responsabilidad socio-política y asumiendo las consecuencias y riesgos de una solidaridad organizada.
Desde nuestra motivación cristiana, los fraternos debiéramos ser, frente a las realidades de marginación con las que convivimos a diario y que también sufrimos, voluntarios obligados u obligadamente voluntarios, portadores de un mensaje de liberación en medio de un mundo que, demasiado a menudo, se nos revela como absurdamente competitivo, interesado y pragmático, hedonista, insolidario e individualista.

La experiencia cotidiana nos muestra que es difícil asumir los riesgos de traspasar las fronteras sociales, de implicarnos en historias y relaciones cargadas de dolor y confusión, de aceptar los cambios que esto implica, de perder la seguridad de un espacio estable y protegido por los derechos que adquirimos al nacer.
Por todo ello, es necesaria una manera de vivir que de sentido al sacrificio, no al heroísmo, sino a los cotidianos y aparentemente inútiles actos de compasión y de lucha por la justicia. Aquí, encontraremos nuestra responsabilidad como creyentes, como pueblo al que se le ha hecho el “regalo de la fe”: Ser embajadores de confianza en un mundo de sospechas. 

Este compromiso por la justicia y por el cambio social precisa una motivación radical. No es éste un tiempo demasiado óptimo para la ética, para la implicación radical.
Sin embargo, en Fraternidad nos hemos dotado de un Proyecto de Formación que pretende abrir caminos por los que crecer y trabajar. Abrir cauces de liberación frente a las múltiples formas de opresión y contribuir a la acción transformadora respecto de uno mismo y de las realidades, próximas o no, de la sociedad y la humanidad. Proceso siempre abierto a la posibilidad de un compromiso y una acción, si no quiere provocar frustración y escepticismo.

Voluntarios y fraternos, fraternos y voluntarios... ¿No estaremos hablando de una misma cosa?

PARA ORAR 

“Entrada libre” 

El voluntariado, tema al que hemos dedicado la editorial de este mes, nos habla de algo muy nuestro: don, entrega, regalo, gratuidad...
Para orar os proponemos en esta ocasión la lectura detenida de un sencillo Mensaje de nuestro iniciador el P. François. Éste bien puede ser un buen ejercicio espiritual para revisar nuestras relaciones personales, lo que hacemos y recibimos de los demás. 

Lectura del Mensaje (Navidad 1963, Mensajes, 2ª edición, pág. 47-48). 

“Haced un bonito letrero para ponerlo, bien visible, sobre vuestra puerta: ENTRADA LIBRE. Entonces se sabe que uno va a ser siempre bien acogido... que se os encontrará siempre disponibles. La hora de los otros es la vuestra”. 

Profundizar con la palabra de Dios:  

“En esto hemos conocido lo que es el amor: en que él dio su vida por nosotros. También nosotros debemos dar la vida por los hermanos” (Juan 3, 16).

Diálogo en el grupo sobre las siguientes cuestiones: 

-        Voluntariado y seguimiento de Cristo.

-        Amor de Dios y servicio a los hermanos.

-        En Fraternidad todos somos voluntarios. 

FRATERNIDAD CRISTIANA DE PERSONAS CON DISCAPACIDAD

EQUIPO GENERAL

Avda. Los Pinos 242, 12100, Castellón

Tel. 964737098 - Fax.964737101

E-Mail: correo@fratersp.org