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¡DIGAMOS
NO A LA GUERRA! En
estos días se está preparando una acción militar de ataque contra Irak
que nos es presentada como inevitable. Sin embargo, la guerra nunca es una
fatalidad, ante la cual haya que resignarse, sino que siempre significa
una derrota de la humanidad, que hay que evitar. Por el contrario, el
respeto del derecho internacional, el diálogo leal, la solidaridad entre
los estados y el ejercicio de la diplomacia son los únicos medios dignos
de la persona y de las naciones para resolver los conflictos. Nuestra fe
cristiana nos exige un compromiso renovado a favor de la paz. Así, pues,
impulsados y orientados por esa fe, al mismo tiempo que luchamos por la
justicia, rechazamos toda violencia; y de manera especial la noción misma
de la llamada "guerra preventiva". Tenemos,
pues, que oponernos a la guerra, La
cuestión de la paz no puede separarse de la cuestión de la dignidad de
la persona y de los derechos humanos. Juntamente con eso, se ha de
recordar a cuantos creen que la vida pública internacional se desarrolla
del algún modo fuera del ámbito del juicio moral que el problema de la
paz no puede prescindir de las cuestiones relacionadas con los principios
morales, y, por lo tanto, todas las decisiones relativas a ella están
sometidas al examen ético que tiene como referente destacado la Declaración
Universal de los Derechos Humanos. La
guerra que se anuncia y prepara es inmoral e ilegítima, y tendría
previsibles consecuencias dramáticas: en primer lugar, causaría sin duda
miles de muertos, heridos y desplazados, y el pueblo iraquí sería su
primera víctima, en particular la población civil; en segundo lugar, se
incrementaría el abismo de desconfianza y hasta de odio que ya se ha
establecido entre los países occidentales y los pueblos de la región. Una
acción militar contra Irak daría la razón a los extremistas que
perciben nuestro mundo como dominado por el choque entre
"civilizaciones", es decir (¡y eso nos causa un sufrimiento
particularmente cruel a los creyentes!), como una confrontación entre
religiones, cuando en realidad se trata de un enfrentamiento motivado por
razones económicas. Además, si se produjera la guerra, no podríamos
evitar el sentimiento de que las resoluciones de las Naciones Unidas se
aplican con doble rasero en Oriente Próximo. Y nuestro discurso que
proclama a la democracia y los derechos humanos como valores universales
quedaría totalmente desacreditado. Pero
aún estamos a tiempo; podemos todavía influir sobre las decisiones que
se han de tomar por parte de quienes nos gobiernan. España es en estos
momentos miembro del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, y ocupa,
por lo tanto, un lugar privilegiado en la resolución de este conflicto.
Por eso, manifestemos
masivamente al Gobierno nuestra voluntad de que Paralelamente,
podemos hacer saber también nuestra oposición a la guerra a los miembros
del Parlamento, y solicitar al mismo tiempo que el asunto sea debatido en
el Congreso de los Diputados antes de que el Gobierno tome ninguna decisión
al respecto. Y también al Embajador de los Estados Unidos de América,
para que quede constancia de que no compartimos la posición de su
Gobierno. Hacemos
una llamamiento a los creyentes de todas las confesiones y credos para que
tomemos iniciativas interreligiosas que muestren claramente nuestro deseo
de paz y nuestra oposición a la guerra. Ahora
que nos amenazan la resignación y el desánimo, que Jesús de Nazaret,
que vino a traer la paz al mundo y cuya presencia en el corazón de la
historia de la humanidad acabamos de celebrar, sostenga nuestra esperanza.
Y que Él nos dé el valor necesario para ser verdaderos artífices de la
paz en medio de las violencias de este mundo, actuando públicamente sin
miedos ni reservas. Manifiesto
promovido por las siguientes organizaciones e instituciones: |
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FRATERNIDAD CRISTIANA DE PERSONAS CON DISCAPACIDAD |
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EQUIPO GENERAL |
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Avda. Los Pinos 242, 12100, Castellón |
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Tel. 964737098 - Fax.964737101 |
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E-Mail: |