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UNA
IGLESIA SIN BARRERAS, SIGNO DE LA CONSTRUCCIÓN DEL REINO
Introducción
La Palabra de Dios ilumina los acontecimientos de la
historia y nos anima a enfrentarnos a los retos que en cada tiempo y de
todas las culturas surgen en el camino de la construcción del Reino de
Dios.¿Cómo acercarnos a ella, sin manipularla, para encontrar esa luz
que nos ayude a iluminar los acontecimientos y proyectos que como
responsables del tiempo presente tenemos que desarrollar en la Iglesia y
en la sociedad del momento presente?
La Palabra de Dios, que fue pronunciada definitivamente en
Jesucristo, sabemos por la Fe, que está abierta, podríamos decir
"capacitada", para hacerse entender por los hombres y mujeres de
todos los tiempos, y especialmente, y siempre, por los más sencillos, los
humildes, los excluidos y marginados.
Nos corresponde, a nosotros los creyentes, realizar el
esfuerzo de colocar en el contexto concreto de nuestra existencia, en
todas sus dimensiones, cada una de las palabras de la Biblia, escritas
hace muchísimos años pero permanentemente vivas, para ser escuchadas y
entendidas por los hombres y mujeres que se acercan a ellas con Fe,
empujados por la acción del Espíritu de Jesús, Señor y dador de la
vida entera.
Con esta clave, y con el respeto que siempre merece la
palabra de Dios, no será difícil encontrar en el Nuevo Testamento la
Palabra iluminadora para el presente proyecto de la Fraternidad: la
sensibilización de la comunidad cristiana no sólo para que nos reconozca
como sujetos activos de la evangelización sino para que posibilite,
eliminando las barreras arquitectónicas, nuestra participación concreta
en cada acontecimiento, en cada parroquia, en todos y cada uno de los
lugares donde cualquier otro, sin limitación física alguna, pueda
ejercer como apóstol de Jesucristo.
A continuación, pues, voy a realizar una sencilla y rápida
aproximación a algunos de los muchos textos que, sin duda, son hoy la
palabra de Dios presente en la historia con la misma fuerza transformadora
con la que fue pronunciada y vivida por Jesús el Señor, libertador de
todos los hombres y mujeres de la Tierra.
1. Actitud de Jesús con los enfermos
Dicen los expertos que la cercanía de Jesús a los enfermos
y excluidos de su tiempo es uno de los rasgos más característicos de su
vida. Ignorando la misma desfiguraríamos su figura tanto que sería
irreconocible. Su cercanía a los enfermos fue siempre integradora: se
acerca a ellos, les rehabilita y les incorpora activamente a la comunidad.
Les defiende siempre, les coloca por encima de la ley y del culto, por
ellos pondrá en peligro su propio prestigio y hasta la misma integridad física
de su persona, en numerosas ocasiones. (Serían interminables los ejemplos
de hechos concretos que nos narra el Nuevo testamento acerca de esta
actitud básica en el comportamiento y el mensaje de Jesús con los
enfermos y los marginados de su tiempo: cura en sábado, les perdona los
pecados con el consiguiente escándalo, toca a los leprosos haciéndose
impuro...
2. Un bello pasaje del Evangelio de Marcos
Nos presenta
a Jesús desautorizando a quienes tratan de impedir que los
enfermos se acerquen a Él: la
narración del Ciego de Jericó, el hijo de Timeo (Mc. 10, 46-53), nos
presenta a unos hombres "bien intencionados" que para no
molestar al maestro hacen callar a este hombre que, deseaba conocer a Jesús,
quizá con mas ganas que nadie en aquel momento. Jesús les dice: "Llamadle". Cuando alguien pone impedimentos, coloca barreras ya sean
mentales, tradiciones, leyes... o arquitectónicas... Jesús,
sencillamente se interesa más por el que queda al margen del camino, al
pie de las escaleras, fuera en la calle... se acerca a él, le escucha, y
le incorpora a la vida. Siempre será así: aquellos que los poderosos,
los arrogantes, las leyes o las instituciones... dejan al margen o
pretenden ignorar o silenciar Jesús los coloca en el centro de su acción
liberadora, les convierte en protagonistas de los signos que manifiestan
la presencia del Reino de Dios entre en el mundo.
Cuan parecido tiene esta narración bíblica con algunas de
las actitudes y reacciones que nos encontramos al solicitar una rampa en
la puerta de un templo: "Total, para una vez que vienen, si en la
parroquia no hay ningún minusválido, si ellos no tienen obligación de
asistir a misa, que la vean por la tele, que recen en casa..."
En algún lugar hasta hemos tenido que ver desaparecer la rampa que
ya existía con la excusa de que en aquella parroquia no había minusválidos
que fueran a misa.
La actitud de Jesús de Nazaret en este hermosa narración
del evangelio de Marcos se convierte para nosotros en punto de referencia
obligada: Él no solo no se “molesta” porque los pobres se le
acerquen, más bien eso es lo que desea llenar su casa, el “banquete del
Reino” de los que aquí en la tierra encuentran mayores dificultades
para vivir y crecer.
3. Un texto especialmente significativo
Cuenta el Evangelio de Lucas que en una ocasión ante la
imposibilidad de acercar a un enfermo a Jesús, quienes le acompañaban se
subieron al tejado, abrieron un boquete y bajaron por él al enfermo hasta
colocarlo frente al Maestro (Lc. 5, 17-20.25).
Si lo tomamos como "símbolo" de nuestra lectura creyente
de la realidad que pretendemos iluminar: la eliminación de barreras en
las dependencias y templos de la Iglesia, podemos afirmar lo siguiente:
-
Hay que empezar por el tejado, o lo que sería lo mismo, la cabeza;
o si queréis por el corazón. Es necesario creer, estar convencidos... de
que nadie, por limitado que sea, puede ser excluido del encuentro
personal, físico, directo... con Dios. Cualquier actitud mental,
cualquier argumento, cualquier ley... que intente justificar la exclusión
real y concreta de uno solo de los hijos de Dios, está absolutamente
desautorizada por la Palabra de Dios, por la actitud de Jesús.
-
Las piedras, los muros, los tejados, si fuera necesario, han de ser
demolidos, literalmente eliminados cuando se convierten en barreras que
impiden la participación en la vida concreta de la comunidad, en todas y
cada uno de sus dimensiones: sacramental, catequética, pastoral...
-
El resultado de esta eliminación de barreras es asombroso: el
hombre, la mujer carga con su camilla (quizá a pesar de todo no pueda
nunca desprenderse de ella) pero se
siente realmente respetado, despierta a una nueva conciencia de sí, se
pone en pie, participa, se integra... su corazón ha descubierto la
misericordia de Dios, lo agradece y lo celebra.
-
También el
resultado de la no eliminación de barreas, de la demagogia que la
justifica con buenas intenciones y bellas palabras es evidente: el hombre,
la mujer con limitaciones física, frente al escalón infranqueable se
siente menos, se humilla frente al paternalismo o se resigna frente a la
falsedad de quienes afirman amar a Dios y al prójimo más que así mismos
pero no concretan tan hermoso proyecto, ni ponen los medios necesarios
para que él, discapacitado físicamente, pueda vivir la fe desde dentro,
participando integrado.
4. El acontecimiento fundamental de nuestra Fe, la
Resurrección de Jesús
Tal como viene narrado por los Evangelios, el acontecimiento
fundamental de nuestra Fe, la Resurrección de Jesús, (Mt 27, 59-60.66)
se convierte también en uno de los textos bíblicos que pueden iluminar
nuestra Campaña de eliminación de barreras arquitectónicas.
Barreras contra la vida
La gran roca colocada a la puerta del sepulcro donde
colocaron el cuerpo sin vida de Jesús se convierte en un signo profético
que trasladado al tema que nos ocupa actual adquiere una asombrosa
actualidad. La enorme piedra, sellada y vigilada por la guardia judía,
nos habla de "una auténtica barrera" cuya finalidad no era otra
que impedir el acceso de los discípulos al cuerpo de Jesús. No resulta
difícil comparar esta “roca” con las enormes y bellas escalinatas
que, protegidas por leyes de patrimonio -justas y necesarias-, vigiladas y
restauradas..., sin pretenderlo quizá, cumplen la misma finalidad que la
piedra del sepulcro: impedir el acceso al Cuerpo de Jesús, la Iglesia, de
quienes amándole no podrán acceder a Él, por sí mismos, mientras estas
escaleras no desaparezcan.
El legítimo interés cultural y la protección del
patrimonio de todos, cuando se pone por encima de las personas, cuando
atenta contra la dignidad de los hijos de Dios, de manera desafiante,
indiferente o absurda como ocurre en la mayoría de los casos, es
sencillamente un signo de nuestra opción por la muerte, de nuestra
oposición a la vida.
-
Un templo inaccesible, protegido, restaurada y admirado por encima
del derecho de todos a participar plenamente de la vida de la Comunidad,
es sencillamente una tumba, un sepulcro que se resiste a la fuerza que está
ejerciendo el Espíritu vivificador para "remover la piedra".
Todos perdemos con ello. La credibilidad de la Fe que confesamos y
celebramos en el interior de estos templos baja en credibilidad y se aleja
de las exigencias socio-culturales a las que con la luz del Evangelio
debemos ir dando respuesta. La evangelización de los enfermos y
discapacitados físicos hoy, exige comunidades abiertas a la participación,
acogedoras integradoras hasta posibilitar la participación activa de los
mismos en la misión de la Iglesia, común a todos los bautizados, al
margen de cualquier consideración o circunstancia corporal ó física.
-
Una parroquia, un templo, una catedral... accesible, sin barreas,
abierta a todos y cada uno de los hijos de Dios, especialmente a los más
limitados, a los excluidos y frágiles... es un auténtico signo del Reino
de Dios que va abriéndose camino, poco a poco, a través de nuestra
entrega y nuestra acción integradora.
"... Y vieron que la piedra había sido
retirada" (Marcos 16, 2-5)
No cabe mejor final para esta reflexión. Lo que parecía
imposible, lo que los poderosos y arrogantes pensaban tener controlado,
legislado y protegido... cambió radicalmente. Sus planes no coincidían
con el proyecto de Dios. La fuerza irresistible del Espíritu de Dios había
sido capaz de vencer a la muerte, y cayeron las barreras, y los discípulos
pudieron ver al Señor.
Con esta actitud ha de iniciar la Fraternidad y mantenerse firme en el
desarrollo de la Campaña de eliminación en templos y dependencias de la
Iglesia: sabemos que son enormes las dificultades, numerosas las barreras
que se nos imponen con fuerza, y con arrogancia, pero sabemos también que
nuestro proyecto coincide con el proyecto de Dios, ir posibilitando el
acceso de los enfermos y discapacitados a todos y cada uno de los rincones
donde se escucha su palabra, se celebran los sacramentos, se comparte la
fe y la vida.
Seguramente, en el camino que hoy iniciamos nos ocurrirá más de una vez
lo que a los discípulos de Jesús, desanimados creeremos que es imposible
mover “tanta piedra”, pero, Él, vivo entre los vivos seguirá a
nuestro lado desbaratando los planes de los poderosos, favoreciendo a los
humildes, integrando a los discapacitados en la Iglesia a la que tanto ama
y su Espíritu, sin duda alguna, irá derribando escalones. Conocedores de
nuestra fragilidad, ponemos nuestra esperanza en la fuerza del Espíritu,
sin duda alguna, Él irá derribando escalones y barreras.
José María Marín
Consiliario General de la F.C.E.M. de España
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