I Jornada Mundial de los Pobres: No amemos de palabra sino con obras

19.11.2017 08:00

 

El papa Francisco ha convocado en la Iglesia católica durante el penúltimo domingo del tiempo ordinario la Jornada con las personas que viven en la pobreza. Este año es la primera, después de que el 13 de noviembre de 2016 se cerraran las Puertas del Año de la Misericordia y se celebrara el Jubileo extraordinadio de la Misericordia, dedicado a todas las personas marginadas. De forma espontánea, al finalizar la homilía, el papa Francisco manifestó su deseo: “quisiera que hoy fuera la «Jornada de los pobres»”.

 

Ha transcurrido así un año en el que ha escrito el primer Mensaje de esta Jornada, que lleva por título "No amemos de palabra sino con obras". El logo elegido para la Jornada muestra una puerta abierta y dos personas que se encuentran, una, para pedir ayuda y, la otra, para ofrecerla.

 

“La pobreza tiene el rostro de mujeres, hombres y niños explotados por viles intereses, pisoteados por la lógica perversa del poder y el dinero. Qué lista inacabable y cruel nos resulta cuando consideramos la pobreza como fruto de la injusticia social, la miseria moral, la codicia de unos pocos y la indiferencia generalizada.

Hoy en día, desafortunadamente, mientras emerge cada vez más la riqueza descarada que se acumula en las manos de unos pocos privilegiados, con frecuencia acompañada de la ilegalidad y la explotación ofensiva de la dignidad humana, escandaliza la propagación de la pobreza en grandes sectores de la sociedad entera. Ante este escenario, no se puede permanecer inactivos, ni tampoco resignados. A la pobreza que inhibe el espíritu de iniciativa de muchos jóvenes, impidiéndoles encontrar un trabajo; a la pobreza que adormece el sentido de responsabilidad e induce a preferir la delegación y la búsqueda de favoritismos; a la pobreza que envenena las fuentes de la participación y reduce los espacios de la profesionalidad, humillando de este modo el mérito de quien trabaja y produce; a todo esto se debe responder con una nueva visión de la vida y de la sociedad.

Todos estos pobres —como solía decir el beato Pablo VI— pertenecen a la Iglesia por «derecho evangélico» (Discurso en la apertura de la segunda sesión del Concilio Ecuménico Vaticano II, 29 septiembre 1963) y obligan a la opción fundamental por ellos. Benditas las manos que se abren para acoger a los pobres y ayudarlos: son manos que traen esperanza. Benditas las manos que vencen las barreras de la cultura, la religión y la nacionalidad derramando el aceite del consuelo en las llagas de la humanidad. Benditas las manos que se abren sin pedir nada a cambio, sin «peros» ni «condiciones»: son manos que hacen descender sobre los hermanos la bendición de Dios”.   (I Mensaje de la Jornada de los Pobres 2017, 5)

 

Para la celebración de la Jornada, se han elaborado además materiales: