Priorizando a las personas descartamos la incedente precariedad

01.05.2019 09:48

Manifiesto ante el primero de mayo

 

De  nuevo,  ante  el 1º  de  Mayo, Día  Internacional  del  Trabajo, las  organizaciones  que promovemos  la  Iniciativa Iglesia  por  el Trabajo Decente  unimos  nuestras  voces  y  fuerzas en esta fiesta de los trabajadores y trabajadoras y de san José obrero para celebrar el sentido creador del trabajo, y para poner de relievela urgente necesidad de poner fin a la lacra  de  la  precariedad  laboral  que  caracteriza  el  actual  sistema  de  relaciones  labores  y que lesiona los derechos de las personas trabajadoras y de sus familias.

 

Constatamos  que  el  trabajo  decente,  que  forma  parte  de  los  Objetivos  de  Desarrollo Sostenible,  es  un  elemento  imprescindible  para  la  justicia  social  y  la  cohesión  de  toda  la humanidad.

 

Como  denuncia César, de Zaragoza, “la  mayoría  de  trabajos  que  me  ofrecen  las  empresas son precarios, horas sueltas, sustituciones puntuales... No dan para vivir de forma digna, ni mucho  menos.  Este  tipo  de  trabajo  me  genera  mucho  estrés  y  tengo  miedo  del  día  de mañana. Por eso, este 1º de Mayo acudiré a la calle para junto a otros intentar conseguir un trabajo digno”.

 

La  indecente  precariedad  del  trabajo  está  afectando  duramente  a  la  juventud  hundida  en una pobreza crónica que les imposibilitaun proyecto de vida; afamilias cuyas necesidades básicas   quedan   sin   asegurar   o   sin   cubrir, como son   el   techo,   luz,   comida,   ropao medicamentos;  ya personas  mayores  que  sufren  una  vejez  sin  calidad  a  causa  de  unas pensiones  indignas. Se  trata  de  situaciones  provocadas  por  un  sistema  capitalista injusto que  sitúa  el  trabajo,  no  como  fuente  de  vida  y  dignidad,  sino  como  recurso  al  servicio imperioso del capital a costa de la precariedad latente delas personas trabajadoras y de la exclusión de todos a los que el papa Francisco define como “descartados”.

 

Afirmamos  que el  trabajo  es  esencial  para  la  vida  de  las  personas  porque  ayuda  a construir nuestra humanidad. A través de él potenciamos, desarrollamos y expandimos nuestras  capacidades  y  cualidades.  Es  necesario  repensar  el  sentido  del  trabajo,  de  la economía y de la empresa, devaluadas en nuestra sociedad. Para ello tenemos que exigir a políticos,  gobernantes  y  poderes  económicos  unos  derechos  que  son  básicos  para  la construcción de una sociedad cuyo sentido y función sirvan al bien común.

 

El trabajo está en función de la persona y no la persona en funcióndel trabajo como señaló Juan  Pablo  II  en Laborem  exercens,  6. En  la  reflexión  sobre  el  futuro  del  trabajo  realizada por la Organización Internacional del Trabajo con motivo dela celebración del centenario de  su  creación  hace  hincapié  en la  urgencia  de unificar  la  lucha  contra  la  precariedad. Propone, para ello, un programa centrado en las personas y basado en la inversión en las capacidades  de  los  individuos,  las  instituciones  laborales  y  en  el  trabajo  decente  y sostenible.

 

Desde estas constataciones, reclamamos:

 

Que se sitúe a la persona en el centro de la vida política, de las relaciones laborales y del  trabajo, a  fin  de  abordar la indecente  precariedad que  descarta  a  millones  de personas  al  acceso “a  un  trabajo  decente y no de cualquier modo”,  en  palabras  del  papa Francisco, y de facilitar el  diálogo  social  entre  los  gobiernos  y  las  organizaciones  de trabajadores y trabajadoras, empresariado y agentes sociales.

 

■ Que se haga efectivo por parte de los poderes públicos el derecho a un trabajo digno para todas las personas, ya que el trabajo es expresión de la propia dignidad

 

■ Que  se  reconozca  social  y  jurídicamente  el trabajo  de  cuidados. Para  ello  necesitamos un  planteamiento  nuevo  de  políticas  sociales,  de  género  y  educativas  quefaciliteuna prestación  de los  cuidados compartida por  hombres  y  mujeres, y  que  posibilite  una igualdad real de oportunidades en el lugar de trabajo.

 

■ Afirmamos  que  el  trabajo  es  para  la  vida,  por  lo  que  se  tiene  que  producir  en  unas condiciones  laborales  que  garanticen  la  integridad  física  y  psíquica  de  la  persona,  y  que garanticen su protección  social.  Por  eso  reclamamos:  Ni  una  persona  muerta más  por accidente de trabajo.

 

Como  entidades  de  la  Iglesia  sensibles  y  comprometidas  con  la  realidad  en  el  mundo obrero   y   del   trabajo,   en   este 1º   de   Mayo   y   de   san   José   obrero invitamos   a   las comunidades cristianas a celebrar la Eucaristía como signo de solidaridad con quienes sufren la precariedad y deshumanización del trabajo.

 

Invitamos,   igualmente, a   participar   en   aquellas   actividades   que   convoquen   las organizaciones  sindicales  para  exigir  un  trabajo  decente  acorde  con  la  dignidad  de todas las personas.

 

Madrid, 23 de abril de 2019