Sueños en una maleta

Sueños en una maleta

Por primera vez, a lo largo de la historia de Frater, este verano, las maletas permanecerán silenciosas, inmóviles en su lugar de reposo y sin ilusiones que compartir. Por estas fechas, cada verano, muchos fraternos y fraternas ya estarían depositando en la alegre voracidad de sus maletas cientos de sueños que compartir; experiencias acunadas en los fríos días de invierno y ecos de vida arrullados en largas horas de soledad, ¡se acercaba el tiempo de las Colonias! Y el rancio olor a cerrado de nuestra maleta ya anhelaba el frescor floral de la montaña y el aroma intenso del mar. La maleta ya soñaba con llenarse de sonrisas, de rostros, de miradas y de relatos con los que hacer frente a la melancolía otoñal y servir de refugio en la fría soledad del invierno.

 

Sin embargo, este extraño verano de incertidumbres y sospechas nos invita a reinventarnos, ¡a despertar nuestra creatividad! Y, en Frater, siempre hemos tenido esa gran capacidad en nuestras manos: nuestras reuniones son intensamente alegres; nuestros encuentros llenos de una imaginación desbordante; nuestras celebraciones de honda expresión espiritual compartida y vividas con una intensa emoción. Los procesos de cambio, como el momento actual, suponen un desafío individual y colectivo que no solo nos invita a buscar cómo acomodarnos pasivamente a él, ¡no!, los fraternos y las fraternas sabemos, por experiencia personal y comunitaria, que fortalecernos y crecer conlleva navegar en medio de las tormentas y atravesarlas para ser semillas vivas, llamadas a desarrollarse y crecer a fin de ser testigos de esperanza y apóstoles de la alegría de la Buena Nueva.

 

Las múltiples posibilidades que nos ofrecen las tecnologías de la comunicación se convierten, en estos momentos, en una potente herramienta para idear novedosas formas de comunicarnos y facilitar espacios de cercanía personal y grupal: las sonrisas, aún en la distancia, contagian la alegría; los gestos hacen visibles nuestras emociones; alguna lágrima caída es susceptible de regar el corazón allí donde la distancia se convierte en verso y un silencio, aunque virtual, siempre será una melodía llena de luz que despierta el gozo entrañable de un amor correspondido, de ese amor fraterno que nos une y alimenta por encima de toda circunstancia. Y, junto a ello, la infinidad de momentos de encuentro personal que iremos haciendo en cada lugar; en cada equipo; en cada fraternidad local, diocesana y de Zona, porque, ¿quién dijo que este verano no llenaríamos nuestra hambrienta maleta de sonrisas, de miradas cómplices, de sabores y aromas…? ¿Quién lo dijo?        

                                                                            

El Equipo General                        

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