Día del Enfermo

11.02.2015 09:00

Mirar desde el corazón

Durante mucho tiempo occidente ha ignorado casi totalmente el papel del espíritu en la curación de la persona. Hoy, por el contrario, se reconoce abiertamente que gran parte de las enfermedades modernas son de origen psicosomático.

Podemos pasar de largo ante los enfermos y podemos creernos "perfectamente sanos". Muchas personas ignoran que su verdadera enfermedad se encuentra en un nivel más profundo que el estrés, la tensión arterial o la depresión. No se dan cuenta de que el deterioro de su salud comienza a gestarse en su vida absurda y sin sentido, en la carencia de amor verdadero, en la culpabilidad vivida sin la experiencia del perdón, en el deseo centrado egoístamente sobre uno mismo o en tantas otras "dolencias" que impiden el desarrollo de una vida saludable.

El 11 de febrero, Fiesta de la Virgen de Lourdes, se celebra en la Iglesia universal el Día del Enfermo. Con esta celebración se inicia la campaña del enfermo 2015 con el tema: "Salud y sabiduría del corazón". "Yo era ojos para el ciego, yo fui pies para los cojos". (Job, 29, 15). Dedicaré más artículos al tema de los enfermos en el mes de febrero.

En este tiempo nuestro, en el que a menudo sólo cuenta lo que "reluce" y lo efímero, la sabiduría del corazón consiste en la recuperación de la mirada hacia la persona doliente con actitud contemplativa. Una mirada como la de Jesús que nunca pasaba de largo ante quien estaba sufriendo. Tenemos que abrir nuestros ojos para descubrir dónde están hoy los enfermos, cómo están siendo acompañados y visibilizados en nuestra sociedad e Iglesia, y transformar el corazón de las mismas para que los pongan al centro de sus preocupaciones y atenciones. Y hacerlo con una mirada y un corazón nuevos.

Nacemos con ojos, pero no con mirada. En castellano, tenemos una sutil diferencia entre "ver" y "mirar". El mirar está cargado de cuidado, de amor y hasta de pasión. Para ver, basta con dirigir los ojos hacia el estímulo en cuestión, para "mirar" hay que poner en marcha también el corazón.

No es fácil acceder a la mirada. Hace falta coraje y corazón. Nuestros sentidos, hartos de ver y sobreestimulados con la televisión, pueden "no mirar" al compañero o al hijo que tiene la "mirada" triste y está sentado a nuestro lado, o al vecino que está sufriendo. Así, canta Bob Dylan: "¿Cuántas veces tendrás que ver a un hombre pasar por tu calle, para que por fin logres mirarlo?".

Hoy les dejo una sugerencia: miremos a los enfermos y hagámoslo con una mirada y un corazón nuevos. La sugerencia es para todos los que tienen a bien leerme, cosa que agradezco. Para los cristianos es un mandato de Jesús que "enseñaba con autoridad" (Mc. 1, 21-28). Su "autoridad" nace de la fuerza del Espíritu. Proviene del amor a la gente. Busca aliviar el sufrimiento, curar heridas, promover una vida más sana. Su enseñanza humaniza y libera de esclavitudes. Sus palabras invitan a confiar en Dios.

Para que tenga "autoridad", la palabra de la Iglesia ha de nacer del amor real a las personas. Ha de ser dicha después de una atenta escucha del sufrimiento que hay en el mundo. Ha de ser cercana, acogedora, capaz de acompañar la vida doliente del ser humano.

José Mª López López

Consiliario General de Frater España